El robo del
Louvre del 19 de octubre ha traído consecuencias. Más allá de la detención de siete de los ladrones que sustrajeron joyas por valor de 88 millones de euros, las medidas de seguridad del museo más visitado del mundo han quedado en paños menores. Cada día se saben más detalles, a cada cual más ridículo. ¿El último? Se ha sabido que la contraseña de videovigilancia del
Louvre era…
Louvre. Ni más ni menos. Así de fácil. La podía intuir un niño. Es como el sistema defensivo del Barça, fácil de descifrar para cualquier entrenador con un video y una pizarra. Después de quince meses jugando igual, con la defensa en línea y tremendamente adelantada, todos los rivales han encontrado el antídoto. Lo han estudiado tanto que saben cómo dañar en carrera a la espalda de dos laterales, como
Koundé o
Balde, poco avispados con el retrovisor.
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