Es fútbol. No se puede ganar siempre. Y menos si menosprecias a un equipo belga que le ilusiona tanto jugar contra el
Barça, que se va a comer el césped para disputar el partido de su vida. Menos aún si te faltan los dos porteros titulares, si no tienes a
Pedri, si nadie rasca como
Gavi y si
Raphinha, que cree que merecía el
Balón de Oro, anda de recaída en recaída. El nuevo formato de
Champions permite estos resbalones y te pone la red de seguridad de una repesca, de dieciseisavos, que te permite un empate tonto ahí donde calculabas ganar. Lo peor del Barça en
Brujas no fueron los tres tantos al contragolpe, ni los despistes después de cada gol marcado, ni el puntito sumado… La imagen del
Barça queda dañada, en
Europa, por ese autobús público de
Brujas quemado por un aficionado culé.
Seguir leyendo...