Cuando murió Franco, mi edad era la que hoy tiene mi hijo menor: 24 años. Había obtenido la licenciatura en Filosofía y Letras un año antes, pero mi condena reciente por el Tribunal de Orden Público me impedía opositar a puesto alguno en la enseñanza pública. Así que había optado por sacar partido de mi condición de vascohablante como profesor de una ikastola perfectamente legal, sostenida por una cooperativa de padres de alumnos. Poco antes de la muerte de Franco, todos los profesores de la misma fuimos puestos en la calle por pedir Seguridad Social . Denunciamos a la cooperativa por despido improcedente y se nos acusó de traidores a la patria vasca por haber apelado a una institución franquista,...
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