En una fresca y lóbrega noche poco iluminada frente a la autopista de Mississauga, ciudad que casi absorbe las afueras de la colosal Toronto,
Eli Ndiaye (Guédiawaye, Senegal, 2004) prende la mecha arrancando su camino con
destino NBA con su incesante chispa. En un menudo pabellón de la G-League -la segunda división de la NBA-, se hacen resonar sus pisadas y se hace notar más aún su omnipresente derroche físico en ambos lados del parqué.
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