El final del símbolo verdadero: por qué cerró esta panadería icónica
Orígenes y trayectoria de una panadería con historia
En el número 2 de la calle Tampa de Málaga capital, el obrador de la panadería fundada por Mateo Luque cesó su actividad el pasado 31 de mayo tras 66 años. El cierre fue anunciado por su hijo, Silvestre Luque, quien tomó las riendas en los últimos años. La empresa, que había arrancado en 1964 y se había trasladado, en 1985, a la ubicación citada, se había ganado un lugar destacado en la ciudad. La Vanguardia local lo relata.
Este obrador fue también la cuna de un pan pequeño, artesanal, nacido por iniciativa del fundador para adaptarse a una demanda del desayuno bar‑madrugada: una pieza de apenas 50‑60 gramos que se convertiría en un emblema de la hostelería malagueña. Esa pieza se denominó “pitufo malagueño”.
El “pitufo malagueño”: origen de un pan símbolo
El nombre “pitufo” proviene de la década de los 80, cuando la serie de dibujos animados Los pitufos estaba de moda y se le ocurrió al fundador aplicar el apelativo a esta pieza pequeña de pan. En palabras de su hijo: “era algo nuevo, no existía algo tan pequeño en panadería, y se ha convertido en un símbolo y todo el mundo lo conoce así”.
La pieza se hacía a mano, luego con máquina formadora, con un peso reducido frente a las barras tradicionales de 120‑140 g. Su difusión en el sector de la hostelería, en los bares de desayuno y meriendas, la transformó en una referencia local.
Una rutina intensa de trabajo artesanal
Silvestre relata cómo comenzaba la jornada a las 2 o 3 de la mañana: preparar pedidos, entregar pan rodada en bicicleta, repartir por los barrios; luego continuar la atención al público hasta primeras horas de la tarde. Esta disciplina durante décadas muestra el carácter artesanal y comprometido del negocio.
Los fines de semana, cuando se decidió cerrar los domingos, Silvestre se quedaba solo el sábado por la noche para hornear y repartir el domingo. Una rutina que evidencia el desgaste propio del oficio panadero.
Cierre por jubilación y falta de relevo
El cierre no fue una decisión impulsiva por crisis, sino por la jubilación del último responsable y la imposibilidad de encontrar un sucesor que asumiera tanto la estructura del negocio (personal, cargas, indemnizaciones) como el compromiso con el equipo. Silvestre comenta que “el primer interesado y el segundo fallaron” para continuar la actividad.
Además, el momento coincidió con importantes obras de la Metro de Málaga que afectan la zona, lo cual habría complicado la carga‑descarga del pan, lo que terminó de cerrar el escenario para el cierre.
El legado de una panadería en la comunidad
A lo largo de sus 40 años en la calle Tampa, y otros tantos antes en la calle Churruca, la panadería se convirtió en parte del tejido urbano del barrio. Vecinos, generaciones de clientes, rutas de reparto desde bloques hasta colegios: la panadería estuvo presente en los días de Málaga.
Silvestre recuerda especialmente la relación con el colegio al lado (CEIP Luis Braille) que venía a hacer excursiones para ver cómo se hacía el pan. También colaboraciones con cofradías, comedores sociales, barrio y hostelería forman parte de esa red de relaciones comunitarias que la panadería tejió.
Un oficio que se torna escaso
El cierre abre además una reflexión sobre el oficio artesanal del panadero. Silvestre lamenta la escasez de mano de obra especializada en el sector y reclama formación profesional para la panadería como oficio. “La panadería artesanal no se debería perder”, afirma.
Hoy día las técnicas han cambiado —hay cámaras de frío, procesos más automatizados— pero el valor del oficio manual y del establecimiento de barrio persiste.
¿Qué queda tras el cierre?
Aunque la panadería ya no funciona, el “pitufo malagueño” sigue presente en muchas panaderías de la ciudad, y la historia de este obrador sigue siendo contada como parte de la identidad de Málaga. Su aporte a la gastronomía local permanece.
En definitiva, el cierre marca el final de un capítulo largo, pero también el testimonio de cómo un pequeño pan puede convertirse en símbolo y de cómo un oficio artesanal puede verse amenazado por los tiempos, condiciones y falta de relevo.
| Año | Hito |
|---|---|
| 1964 | Apertura del primer obrador de Mateo Luque en calle Churruca |
| 1985 | Traslado a calle Tampa, 21 de septiembre (fiesta de San Mateo) |
| 31 mayo 2025 | Cese de la actividad por jubilación |