Ucrania como moneda de cambio: el nuevo tablero geopolítico de Trump
A finales de la semana pasada, la Casa Blanca presentó un nuevo plan de paz para Ucrania. Una propuesta que en el fondo revela las verdaderas intenciones del presidente estadounidense Donald Trump: abandonar las viejas luchas que él insiste que no inició y centrarse en América Latina.
Un plan que no fue negociado con Kiev ni con sus aliados europeos y que, según las primeras reacciones, coloca al gobierno ucraniano en una posición extremadamente desfavorable, con concesiones territoriales y políticas inéditas desde el inicio de la invasión rusa en 2022.
Donald Trump y Volodimir Zelensky en la entrada de la Casa Blanca. Vía X@AlertaNews24 18/08/2025.
28 puntos y 3 ejes principales
El plan de paz presentado por Estados Unidos consta de 28 puntos y fue entregado a la delegación ucraniana como una propuesta unilateral. El documento fue acompañado inicialmente de un ultimátum, aceptar o arriesgarse a perder el sostén militar de Washington. Aunque posteriormente el secretario de Estado, Marco Rubio, matizó la presión, afirmando que no se trata de una “última oferta”, también dejó claro que la administración quiere cerrar un acuerdo lo antes posible. Pero aclaró que no habrá nuevas reuniones esta semana.
El plan está dividido en tres grandes ejes, el territorial, las garantías de seguridad y el apartado de justicia y reconstrucción.
El eje territorial es, sin lugar a dudas, el más importante. Según el borrador, Estados Unidos reconoce de facto a Crimea, Lugansk y Donetsk como territorio ruso. Las regiones de Jersón y Zaporiyia quedarían congeladas en la línea de contacto, también bajo control efectivo de Moscú. Y las fuerzas ucranianas deberían retirarse de las zonas del óblast de Donetsk que aún controlan, convirtiéndolas en áreas desmilitarizadas que, nuevamente, serían reconocidas como parte de la Federación Rusa.
Es un golpe doloroso para Kiev, Washington propone legalizar sobre el papel conquistas que Rusia todavía no controla completamente sobre el terreno.
Así lucía el amanecer el pasado viernes 4 de julio en Kiev luego de una noche de intensos bombardeos. Vía X @DefenceU 04/07/2025.
El segundo eje involucra garantías de seguridad, pero con durísimas contrapartes. Ucrania recibiría una promesa de defensa de Estados Unidos y algunos aliados europeos, pero tendría que aceptar restricciones significativas, renunciar constitucionalmente a entrar a la OTAN, limitar sus Fuerzas Armadas a 600 mil efectivos y comprometerse a mantenerse como Estado no nuclear bajo los términos del Tratado de No Proliferación.
Además, un punto insólito, Estados Unidos recibiría compensaciones económicas por asumir el rol de garante de seguridad. Aunque el documento no detalla la fuente de esa compensación, otros puntos del plan mencionan el uso de 100 mil millones de dólares en activos rusos congelados para la reconstrucción de Ucrania, con un rol protagónico de empresas estadounidenses y reteniendo el 50% de los beneficios de los proyectos de alta tecnología.
El tercer eje aborda justicia, amnistía y reconstrucción, una amnistía total para todas las partes, intercambio de prisioneros, devolución de civiles y la obligación de Ucrania de celebrar elecciones apenas 100 días después de firmar el acuerdo.
Con estas condiciones sobre la mesa, las reacciones no tardaron en llegar.
Kiev respondió con un rechazo frontal. El presidente Volodimir Zelensky calificó la propuesta como una “capitulación” y una “traición” a la integridad territorial de su país. Pero, al mismo tiempo, reconoce que Ucrania vive “uno de los momentos más difíciles de su historia”. Zelensky está atrapado entre dos opciones: aceptar un acuerdo profundamente desfavorable o arriesgarse a perder a su principal socio militar.
Presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. Foto: X @ZelenskyyUa.
Trump, por su parte, reaccionó con dureza a ese rechazo inicial. Acusó a Zelensky de “falta de gratitud” y advirtió que si Ucrania “no quiere el plan”, entonces “tendrá que seguir luchando”, una amenaza implícita de retirar el apoyo militar estadounidense.
En contraste, Rusia respondió con entusiasmo. El presidente Vladimir Putin declaró que el plan “puede servir de base para un arreglo definitivo”. Y reveló que varias ideas del documento ya habían sido discutidas previamente con el jefe de la Casa Blanca. Putin incluso advirtió que, si Ucrania no acepta estas bases, Rusia podría avanzar para conquistar aún más territorio.
El momento geopolítico parece inmejorable para Moscú, el plan de Washington consolida prácticamente todos sus objetivos estratégicos, desde territorios hasta compromisos de neutralidad ucraniana.
El verdadero giro del tablero geopolítico no está en Europa, sino que está en América Latina
Mientras las negociaciones continúan en Ginebra, algo se está moviendo con velocidad inusual en el Caribe. La operación “Lanza del Sur”, anunciada semanas atrás por la administración Trump, marcó un giro que vino a instrumentalizar el incremento dramático de la presencia militar estadounidense frente a Venezuela. Se habla de la mayor concentración naval en décadas en la región.
El sábado, la Administración Federal de Aviación anunció una alerta de riesgo para vuelos civiles en Venezuela y el sur del mar Caribe, citando un “aumento de actividad militar”. Este lunes, Estados Unidos dio un paso adicional, designó oficialmente al “Cártel de los Soles” —una red presuntamente vinculada a altos mandos del gobierno de Nicolás Maduro— como una organización terrorista extranjera.
Donald Trump, Nicolás Maduro y el portaaviones USS Gerald Ford.
Esa clasificación no es simbólica, permite al Pentágono, al Departamento de Estado y a la inteligencia estadounidense actuar con nuevas herramientas legales, incluyendo operaciones encubiertas y acciones militares directas sin tener que pasar por el congreso.
Desde esa designación, se multiplicaron reportes en medios como Fox News, diplomáticos abandonando Caracas, vuelos cancelados, movimientos navales y rumores de operaciones próximas contra el régimen venezolano.
Con estos antecedentes en la palestra, la simultaneidad entre Ginebra y el Caribe no es casualidad, la Casa Blanca estaría buscando resolver la guerra en Ucrania para liberar recursos militares destinados a expulsar a Maduro y reordenar el equilibrio estratégico en el hemisferio occidental.
Para muchos en Washington, Venezuela se ha convertido en la prioridad número uno. No solo por el petróleo, sino por el rol de Caracas como aliado ruso y punto de proyección militar en la región. En esta lógica, terminar la guerra en Ucrania sería un requisito previo para enfrentar de lleno la influencia de Rusia y sobre todo de China en América Latina.
¿Por qué ahora?
Para Trump, este es el momento perfecto. Primero, porque la guerra en Ucrania ha perdido el impulso político en Estados Unidos. Para la Casa Blanca, es una guerra heredada, un problema europeo que desvía recursos de la competencia estratégica con China y de la seguridad hemisférica.
Segundo, porque Rusia también busca cerrar el conflicto, está bajo fuerte presión económica, ha perdido influencia en el mundo y sobre todo en Medio Oriente, limitando su margen de maniobra que hoy es mucho menor que antes de iniciar la guerra.
Los presidentes Donald Trump (EEUU), Vladimir Putin (Rusia) y Nicolás Maduro (Venezuela). Fotos: Casa Blanca y Kremlin.
Y tercero, porque la administración Trump quiere reinstalar la Doctrina Monroe en su versión más clásica, América para los americanos. O mejor dicho, para los estadounidenses.
En este contexto, las acciones de Washington empiezan a encajar como piezas de un mismo rompecabezas.
Un plan de paz que favorece a Rusia y permite cerrar el frente ucraniano, un aumento acelerado de la presión sobre Venezuela, movimientos militares en el Caribe y un discurso que, desde el inicio del mandato, ha dejado claro que América Latina —no Europa— será el teatro central de la política exterior de Trump.
Europa lo está entendiendo. Asia lo está observando. Y en América Latina, muchos gobiernos ya sienten el viento de un cambio mayor.
Mientras Alemania pide a Rusia sentarse a negociar y las tensiones en el Indo-Pacífico vuelven a aumentar, la señal es evidente: Estados Unidos está determinado a terminar la guerra en Europa, no solo por Ucrania, sino para poder mirar, sin distracciones, hacia su propio vecindario estratégico.
Un vecindario donde Venezuela es el primer objetivo. Pero seguramente no será el último.