Las donaciones de los españoles a Gaza se desploman un 60% tras el alto el fuego
- La solidaridad se enfría
- Menos aportaciones, mismos problemas
- La ayuda cambia, la emergencia no
- Alerta de Médicos Sin Fronteras
- Un pilar sanitario en riesgo
- Un territorio al límite
- Una reconstrucción lejana
- El alto el fuego
El parón en la escalada bélica ha ido acompañado de una caída abrupta del interés social y, como consecuencia, del flujo de fondos privados, en un momento en el que la emergencia humanitaria sigue plenamente activa y las necesidades básicas de la población continúan muy lejos de estar cubiertas.
La solidaridad se enfría
Acción contra el Hambre constata que el descenso de las aportaciones ha sido especialmente acusado en los últimos meses.
La mayor recaudación se produjo el año pasado, con mucha diferencia, coincidiendo con los momentos de más intensidad del conflicto y una presencia constante de Gaza en la agenda informativa.
Este año, en cambio, las donaciones han sido más bien residuales, con un leve repunte cuando se firmó el alto el fuego y empezó a entrar algo de ayuda humanitaria, pero con una caída casi total desde hace dos meses.
Las ONG subrayan que la relación entre atención mediática y movilización solidaria es directa. Cuando las noticias pierden peso en los medios, captar donativos se vuelve mucho más difícil.
El interés de la sociedad por colaborar ha bajado de forma drástica, aunque sobre el terreno las necesidades siguen siendo muy altas.
En el caso de Acción contra el Hambre, la ayuda que se está pudiendo enviar se financia en gran medida a través de las cuotas de sus socios y de algunas empresas que han mantenido su compromiso.
Menos aportaciones, mismos problemas
Cruz Roja Española maneja cifras similares. La recaudación destinada a la emergencia humanitaria en Gaza asciende actualmente a 770.000 euros, una cantidad relevante, pero insuficiente para la magnitud del desastre.
El perfil del donante es mayoritariamente particular, que aporta el 75% del total, frente a un 25% procedente de empresas.
Desde la organización explican que los fondos se están destinando sobre todo a asistencia sanitaria, derivaciones médicas, y a la entrega de insumos urgentes como alimentos, equipos médicos y medicamentos.
La ayuda cambia, la emergencia no
El actual escenario sobre el terreno ha obligado a ajustar prioridades, pero no ha reducido la gravedad de la crisis.
Acción contra el Hambre concentra ahora buena parte de sus esfuerzos en programas de nutrición, distribución de alimentos terapéuticos y en centros de alimentación para lactantes y niños pequeños.
A ello se suma la preparación para el invierno en comunidades que carecen de vivienda adecuada, electricidad o acceso regular a agua potable.
Las organizaciones insisten en que la percepción de una cierta normalización tras el alto el fuego no se corresponde con la realidad diaria en Gaza.
La entrada de ayuda humanitaria, tras meses de férreo bloqueo, ha mejorado ligeramente el acceso a algunos suministros, pero no lo hace en el volumen necesario para atender a una población mayoritariamente desplazada, y asentada en un territorio prácticamente sin infraestructuras operativas.
Alerta de Médicos Sin Fronteras
A este escenario se suma una nueva amenaza.
Médicos Sin Fronteras (MSF) advierte de que las nuevas normas de registro impuestas por Israel a las organizaciones no gubernamentales internacionales podrían dejar a cientos de miles de personas sin acceso a atención sanitaria vital en 2026.
Los nuevos requisitos contemplan la retirada del registro a las ONG internacionales a partir del 1 de enero, lo que impediría que organizaciones como MSF siguieran prestando servicios esenciales tanto en Gaza como en Cisjordania.
Un pilar sanitario en riesgo
En 2025, con un presupuesto superior a 100 millones de euros, la organización ha atendido a más de 100.000 casos de trauma, gestionado más de 400 camas hospitalarias, realizado 22.700 intervenciones quirúrgicas, administrado 45.000 vacunas y asistido en más de 10.000 partos.
Además, ha impartido decenas de miles de sesiones de salud mental, y ha distribuido más de 700 millones de litros de agua, produciendo cerca de 100 millones de litros de agua potable.
Para 2026, MSF ha comprometido entre 100 y 120 millones de euros para su respuesta humanitaria en Gaza.
Un territorio al límite
La reapertura parcial de algunos servicios básicos no ha logrado revertir una situación crítica.
El sistema sanitario sigue al borde del colapso, y la capacidad de respuesta es mínima ante cualquier repunte de la violencia o crisis sanitaria.
La atención médica se mantiene gracias a esfuerzos extraordinarios y a una logística cada vez más frágil, según han denunciado medios internacionales, mientras que los hospitales funcionan con recursos muy limitados.
En paralelo, la inseguridad continúa marcando la vida cotidiana. Aunque Hamás ha quedado muy debilitado, mantiene su control sobre parte del territorio y se resiste a desarmarse.
Su hegemonía empieza a verse cuestionada por la proliferación de otros grupos armados, lo que añade un factor más de inestabilidad, en un escenario ya extremadamente volátil.
Una reconstrucción lejana
Las ONG alertan de que la caída de las donaciones puede comprometer la continuidad de muchos programas esenciales, justo cuando la población necesitaría más apoyo para iniciar una mínima recuperación.
La reconstrucción de Gaza aparece todavía como una promesa lejana, pendiente de avances políticos y de un plan de paz que vaya más allá del alto el fuego y permita actuar sobre un territorio que sigue, en gran parte, bajo control militar de Israel.
Mientras tanto, las organizaciones humanitarias advierten del riesgo de que la fatiga informativa y la sensación de que “lo peor ya ha pasado” sigan erosionando la solidaridad.
La guerra se ha ralentizado, pero la emergencia continúa, y la caída de los recursos amenaza con agravar aún más la situación de los más vulnerables.
El alto el fuego
Israel y Hamás sellaron el pasado 10 de octubre un acuerdo de cese el fuego que debía poner fin a dos años de un conflicto que ha devastado la Franja de Gaza.
Semanas después de su entrada en vigor, la intensidad del conflicto se ha reducido, pero sigue habiendo muertes diarias.
Desde que comenzó el alto el fuego, más de 350 personas han muerto en Gaza, lo que eleva la cifra total de víctimas palestinas desde el inicio del conflicto, el 7 de octubre de 2023, a 70.100, muchas de ellas mujeres y niños, según el ministerio de Sanidad de Gaza.
El alto el fuego ha permitido que la ONU empiece a reabrir algunas escuelas, muchas de ellas dañadas por los bombardeos y aún utilizadas como refugio.
El sistema sanitario continúa siendo muy precario, con solo 36 hospitales parcialmente operativos.
En medio de este escenario, la población palestina espera que el plan de paz propuesto por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, avance y permita iniciar la reconstrucción de un territorio que sigue viviendo entre la tregua y la incertidumbre.