Mirando hacia adentro, para rezar después
Hoy quiero dedicarme este soneto, porque hasta ahora nadie lo había hecho; mas puede ser que quede algo maltrecho, si me tachan de altivo o de paleto. No me importa, pues no es ningún secreto, que al colocar mis manos sobre el pecho, puedo sentir que tengo suelo y techo y, por lo tanto, debo ser discreto.