Vivo sola en una casa de ochenta metros. Tengo un microondas que nunca uso, una colección de vencejos de cerámica, dos cotorras azules que me ha regalado mi amiga Paula y un ordenador del que no me despego. También unos mil quinientos libros . Buena parte se distribuye en cuatro estanterías. El resto, en torres. Hay más ejemplares guardados en los armarios, también bajo la cama y en maletas que he olvidado abrir. Faltan dos días para que acabe el año. Mi amigo el periodista e historiador Guillermo Ramos Flamerich intenta convencerme: «Ordena la biblioteca». «Hazte un archivo». Lo escucho. Después de unos días, decido entrar en el estudio y poner algo de orden. Como siempre, Borges está en lo...
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