El difícil papel de JD Vance (o cómo ser útil al jefe sin eclipsarle)
Corren tiempos raros para los vicepresidentes en Estados Unidos. Se les exige utilidad, pero sin hacer sombra a sus superiores. En este sentido, la comparación entre Kamala Harris y su sucesor JD Vance es inevitable porque ambos parecen haber enfrentado poco protagonismo mediático, pero la diferencia entre ambas figuras es importante. Mientras la demócrata prácticamente no encontró su lugar durante el mandato de Joe Biden y la falta de visibilidad le hizo perder unas elecciones en la que pocos votantes le conocían, en el caso del republicano la invisibilidad es más bien una táctica, que le permite operar entre bambalinas en un intento de proteger su futuro de cara a una candidatura presidencial.
Vance tuvo su momento durante la campaña electoral por su papel crucial para captar a un determinado sector de la población, pero después el foco se lo llevó Elon Musk, un outsider de la política que Donald Trump elevó a categoría de imprescindible de la noche a la mañana. En aquel momento, el vicepresidente pareció quedar un tanto desdibujado, eclipsado por el imán mediático y público que supuso Musk, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, cuando la relación entre el multimillonario y el mandatario estadounidense empezó a tensarse y el Partido Republicano temió que sus tiranteces pudieran pasar factura a las elecciones de medio término de 2026, fue Vance quien jugó un papel clave para rebajar las tensiones.
El rol de vicepresidente tradicionalmente implica un importante trabajo entre bastidores, pero fuera de ellos también es un ejecutor político que llega cuando más se le necesita sin hacer ruido. El medio ABC News lo llegó a describir como un fixer, un solucionador que entra en juego en momentos clave para reforzar la agenda de Trump sin llamar mucho la atención. Lo ha hecho en cuestiones de inmigración (encabezó la visita de marzo a la frontera sur para defender la ofensiva migratoria de su jefe), cuando ha tocado trabajar a senadores indecisos, o para hacer llegar un mensaje importante a los aliados.
Su mayor valor no se mide en entrevistas, sino en números. Con un Senado muy ajustado, Vance ha tenido un rol clave en momentos críticos de empate. Con su voto permitió confirmar al secretario de Defensa, Pete Hegseth; impulsó la aprobación de recortes por $9.000 millones de dólares; y, sobre todo, su papel resultó determinante para sacar adelante en julio del 2025 el gran paquete fiscal y de gasto tras una negociación al límite.
El vicepresidente estadounidensetambién se ha movido en terrenos menos tradicionales para una persona en su cargo. Tuvo un papel relevante en las gestiones que permitieron a la red social TikTok seguir operando en EE. UU. bajo una fórmula de control estadounidense; y ha respaldado el giro de la Casa Blanca hacia unas reglas más favorables para el mundo cripto, un ecosistema que busca legitimidad regulatoria y aliados políticos.
En el ámbito internacional, su rol ha sido menos diplomático y con un enfoque más duro, alineado con su constante defensa del America First. En marzo del 2025 viajó a Groenlandia para trasladar en persona a sus dirigentes el interés estratégico de EE. UU. en la isla. Su figura también quedó asociada a uno de los episodios más tensos del 2025, el primer encuentro en el Despacho Oval entre Trump y su homólogo ucraniano Volodímir Zelenski, un choque que marcó la relación con Kyiv. En Europa, Vance elevó el tono al acusar a los aliados europeos, durante la
Conferencia de Seguridad de Múnich, de ignorar a sus votantes y restringir la libertad de expresión, tensando la relación transatlántica. Sus decisiones han definido sus objetivos, Vance no busca consenso, busca marcar territorio político, posiblemente de cara a su futuro profesional, la gran incógnita.
Vance de momento no ha verbalizado abiertamente sus ambiciones presidenciales de cara a 2028 y, si algo sugiere su comportamiento, es que su baja exposición podría ser un intento de consolidarse como una opción seria sin enfrentar los riesgos que supone la exposición pública. En el clima mediático actual, cada entrevista supone una prueba y Vance ya ha protagonizado más de un encontronazo con periodistas. Un perfil más bajo puede reducir la munición para narrativas negativas contra su persona. Además, Vance sabe para quién trabaja, un hombre que no comparte protagonismo con facilidad y con quien es mejor llevarse bien porque Trump ya ha demostrado en varias ocasiones de lo que es capaz si dejas de formar parte de su círculo de confianza.
Aun así, las señales internas están ahí, y en la conferencia anual AmericaFest de Turning Point USA celebrada el pasado diciembre en Arizona, la líder del grupo conservador y viuda de Charlie Kirk, Erika, dejó caer su respaldo a una futura candidatura de Vance. Él ya ha trasladado a su entorno que de momento no moverá ficha hasta que no se hayan celebrado las elecciones de medio término del 2026.