La noche de Caracas , esa que había permanecido tranquila durante semanas por las restricciones aéreas , se desgarró a las 2.06 de la madrugada. El rugido de motores a reacción, un sonido casi olvidado en la capital venezolana, precedió a la primera explosión. Luego vinieron otras, más lejanas, confirmando lo que nadie quería creer: misiles estadounidenses estaban encontrando sus blancos en la oscuridad. En las instalaciones navales del puerto de La Guaira , un habitante con el que tuvimos comunicación nos dijo: «Están acabando con la escuela naval, esto está horrible». Su voz temblaba. Luego se cortó la línea. En los edificios de Fuerte Tiuna , el principal complejo militar del país, donde existe una zona residencial para civiles,...
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