La automoción española encara una de las transformaciones más profundas de su historia reciente en un contexto tan exigente como paradójico: nunca había tenido tantas oportunidades industriales y, al mismo tiempo, nunca había sufrido una escasez de talento tan acusada. La transición acelerada hacia el vehículo eléctrico, conectado y digital –impulsada ahora con más fuerza tras la reciente aprobación por parte del Gobierno del Plan Auto 2030 – está poniendo en evidencia una brecha creciente entre las capacidades que demanda la industria y el capital humano disponible. España es el segundo fabricante de vehículos de Europa y el octavo del mundo, con un potente ecosistema de fabricantes y proveedores de componentes que da empleo directo e indirecto a más de dos millones de personas. Sin embargo, ese liderazgo productivo se enfrenta a un cambio de modelo que no es incremental, sino disruptivo. La electrificación , la digitalización y la automatización están redefiniendo los perfiles profesionales necesarios en las plantas y centros de I+D, mientras el mercado laboral no logra generar ni atraer suficientes especialistas en áreas clave. «El mercado laboral de automoción en España está en un momento especialmente exigente, marcado por la escasez de talento cualificado , el retraso en el relevo generacional y una fuerte necesidad de actualización de competencias», explica Imma Martínez, Key Account Director en Hays España. Aunque el sector sigue ofreciendo oportunidades, estas se concentran cada vez más en perfiles muy técnicos vinculados a la nueva movilidad. La transición hacia el vehículo eléctrico y conectado ha disparado la demanda de ingenieros especializados en baterías, electrónica de potencia y gestión energética, así como de desarrolladores de software, expertos en sistemas embebidos, conectividad, ADAS y ciberseguridad aplicada al automóvil. «Son perfiles críticos para el diseño y la producción del coche eléctrico , pero también extremadamente escasos por la alta competencia global y la complejidad técnica que requieren», señala Martínez. Desde el punto de vista de los proveedores de componentes, el diagnóstico es similar. Cecilia Medina Marín, gerente de Innovación y Talento de Sernauto y coordinadora de la plataforma Move to Future, describe el problema como estructural: «La electrificación , la digitalización y la automatización están aumentando muy rápidamente la demanda de perfiles cualificados, mientras una parte importante de la fuerza laboral sigue concentrada en cualificaciones medias y bajas». El resultado es una tensión constante entre mantener la producción diaria y encontrar tiempo y recursos para formar en nuevas competencias. Ingenieros y técnicos de software, especialistas en datos, inteligencia artificial y ciberseguridad, expertos en electrónica de potencia y baterías, así como mandos intermedios y técnicos de mantenimiento con capacidades en automatización, robótica y mecatrónica encabezan la lista de los puestos más difíciles de cubrir. «Son los profesionales que deben conectar la planta tradicional con las nuevas tecnologías, y simplemente no hay suficientes », apunta Medina. Esta escasez no es neutra para el negocio. Según Sernauto, la falta de talento está provocando retrasos en proyectos de I+D, dificultades para desplegar soluciones de Industria 4.0 y una menor capacidad para absorber al ritmo necesario las tecnologías de electrificación y digitalización. A medio plazo, advierte la asociación, la competitividad de la industria española de componentes puede verse comprometida frente a otros países con mayor capacidad de atracción y formación de talento. En los grandes grupos industriales, el mensaje es coincidente. Desde Grupo Antolin, uno de los mayores proveedores de interiores de automoción a nivel mundial, sus directivos han advertido en distintas intervenciones públicas de que la transición hacia el vehículo eléctrico no es solo tecnológica, sino profundamente humana. La compañía ha subrayado que el verdadero cuello de botella no es tanto la inversión industrial como la disponibilidad de perfiles preparados para operar y desarrollar las nuevas tecnologías, especialmente en ámbitos como software, materiales avanzados y sostenibilidad. Buena parte del problema tiene su origen en la distancia entre la oferta educativa y las necesidades reales de la industria. «La brecha formativa es evidente», afirma la responsable de Hays. «La oferta actual sigue muy centrada en programas tradicionales de Formación Profesional y no cubre suficientemente áreas como software para vehículo inteligente, electrónica de potencia, gestión de baterías, ciberseguridad industrial o mantenimiento predictivo basado en datos». Aunque se han puesto en marcha iniciativas de formación especializada y modular, validadas por las propias compañías, estas siguen siendo insuficientes para cubrir la demanda nacional. Tanto desde las empresas como desde las asociaciones sectoriales se reclama una intensificación urgente de los programas de 'upskilling' y 'reskilling' , así como una cooperación mucho más estrecha entre empresas, centros de FP, universidades y administraciones. En esta línea, Sernauto trabaja con universidades, centros educativos y administraciones para anticipar las necesidades de competencias del ecosistema de componentes. A través de proyectos como Drives o Trireme y de la Plataforma Tecnológica Española de Automoción y Movilidad Move to Future, la asociación está mapeando los gaps de 'skills', definiendo perfiles emergentes y promoviendo programas concretos de recualificación en colaboración con universidades como Deusto. Ante la dificultad para encontrar profesionales en el mercado, las empresas han optado mayoritariamente por mirar hacia dentro. Según Hays, más del 75% de las compañías del sector está invirtiendo en planes de formación interna para actualizar las competencias digitales y técnicas de sus plantillas, con especial foco en baterías, conectividad, ciberseguridad e Industria 4.0. Los grandes fabricantes y proveedores lideran programas masivos de capacitación, mientras que sindicatos y asociaciones sectoriales impulsan la recualificación como una herramienta clave para garantizar una transición energética ordenada y evitar la destrucción de empleo. Paralelamente, algunas compañías recurren a la atracción de talento internacional –principalmente en software y electrónica– desde mercados como Alemania o Estados Unidos, aunque esta vía tiene un alcance limitado. «La respuesta empresarial es híbrida, pero con un claro protagonismo de la formación interna», resume Imma Martínez. En el caso de muchas pymes proveedoras, la estrategia pasa por reconvertir perfiles existentes hacia funciones vinculadas a la electrificación y la digitalización, apoyándose en plataformas sectoriales que faciliten ese tránsito. La reciente aprobación del Plan Auto 2030 añade una marcha más a este proceso. El programa, que prevé inversiones públicas de hasta 30.000 millones de euros a lo largo de la década , busca consolidar a España como un hub europeo del vehículo eléctrico y conectado, impulsando la producción, las baterías y las infraestructuras de recarga. Desde la industria se valora positivamente el plan como una oportunidad histórica, pero también se advierte de que su éxito dependerá en gran medida de la capacidad para generar y atraer talento. Anfac, la patronal de los fabricantes de automóviles, ha insistido en que la electrificación exige una transformación profunda del empleo y que, sin una estrategia coordinada de formación y cualificación, las inversiones industriales corren el riesgo de no desplegar todo su potencial. Las previsiones a medio plazo dibujan un escenario de transición compleja. Según Hays, en 2025 podría producirse una ligera caída del empleo en el sector, cercana al 1%, debido a ajustes productivos y a la menor demanda europea de vehículos eléctricos, especialmente entre los proveedores. Sin embargo, a partir de 2026, el impacto del Plan 2030 y de los proyectos asociados a la electrificación debería traducirse en un repunte sostenido de la demanda de talento cualificado. Producción de vehículos eléctricos, gigafactorías de baterías, desarrollo de software, conectividad y ciberseguridad concentrarán buena parte de las nuevas oportunidades laborales. «La clave será que los programas de formación y reconversión profesional acompañen este proceso para consolidar la empleabilidad y reforzar la competitividad del sector», concluye Martínez. En definitiva, la automoción española pisa el acelerador hacia el coche eléctrico, pero lo hace con el freno de mano del talento parcialmente echado. Liberarlo será determinante para que el sector mantenga su peso industrial en Europa y no pierda posiciones en la carrera global por la nueva movilidad.