Solo han pasado dos días desde que Nicolás Maduro fue extraído de Venezuela en una operación relámpago estadounidense... y Caracas presenta una fachada de normalidad que desafía toda lógica política. A diferencia de cualquier otra sociedad, que ante una decapitación de su liderazgo se sumiría en el caos, aquí la vida parece reanudarse con una extraña resignación. Más negocios abren sus puertas, el transporte público comienza a circular con regularidad y las compras nerviosas que vaciaron las estanterías en las primeras horas han disminuido. Es una calma antinatural, el silencio que precede a una tormenta o, quizás, la aceptación colectiva de que el verdadero poder nunca residió completamente en el hombre que ahora duerme en una celda federal en Brooklyn....
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