Se esperaba en buena parte de la afición una revolución que resultaba casi imposible, difícil de ejecutar también. Ya dijo ‘
Rino’ que iba a ir poco a poco dando información e introduciendo patrones. Ese ‘poco a poco’ se vio con la alineación, que se parecía mucho a las anteriores en esquema y nombres a excepción de los dos cambios obligados. La Real jugó con los mismos pero de mejor manera. Se vio una buena imagen de los txuri urdin, eléctricos en casi todo momento, lanzados al ataque hasta el punto de dejar quizá algún espacio de más que aprovechó a medias el Atlético, y arropados por una grada entregada a la causa, a sabiendas de la relevancia de la cita. Se falló al dicho de ‘entrenador nuevo, victoria segura’, pero el punto, insuficiente para la clasificación y para los méritos contraídos en el encuentro, puede servir para sumar y crecer, como un buen punto de partida. Ya dijo el estadounidense después en rueda de prensa que le gustó el equipo pero que no vio, lógicamente, el producto final esperado. Hay que tener cautela porque el primer partido, en casa y ante un grande no suele servir de vara de medir válida del todo y sí hacer un buen partido en un contexto tan diferente como el del Coliseum el viernes. Ahí es donde hay que ganar y hacer bueno el empate ante los colchoneros para terminar de arrancar de verdad la etapa de
Matarazzo en la Real. Pero no cabe duda de que para una Real tan deprimida, una versión así es ciertamente positiva e incluso ilusionante. Así sí, Real, pero queda mucho, y queda lo más importante: ganar.
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