La mentira, el ninguneo y el insulto
Sabemos que el político miente, pero hay unos que lo hacen con premeditación, alevosía y ventaja, y otros por novatez e inseguridad. Durante su campaña, respecto de la subvención de los hidrocarburos, el entonces candidato Rodrigo Paz dijo en un debate: “Nosotros le vamos a dar (la subvención) a la gente que necesita, a esos vulnerables, a ellos, tengan la garantía que este gobierno de Paz-Lara, es para ustedes esa subvención. Creo que acordamos entre todos los bolivianos que los que realmente requieren, en el transporte público, todos aquellos sectores vulnerables, sectores de producción o cadenas necesarias, vamos a generar subsidio. En cuanto al precio, está fijado, porque los municipios son los que fijan. Pero lo demás vamos a respetar y le vamos a dar las garantías que la inmensa mayoría del pueblo, que vamos a proteger, porque ustedes saben que protegemos a esa mayoría, tienen nuestro respaldo”.
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¿Y qué hizo ya como Presidente? Quitar la subvención de un tajo a todos, un tajo que sin duda sangrará más a esas mayorías que prometió proteger. Eliminó el impuesto especial a las grandes fortunas y, con su decreto 5503, pretende beneficiarlas más con reducción de impuestos y condonación de deudas. Y lo más grave: meter por debajo la venta de los recursos naturales, litio, litio, litio, a empresas transnacionales seguramente estadounidenses. Una trampa escondida detrás de la cortina de humo de la que hablamos en nuestra columna anterior.
Tras la mentira vino la mendacidad de sus ministros, como el de Economía, Gabriel Espinoza, quien, con sólo el poder de su palabra, negó las versiones de que el Decreto Supremo 5503 implique la entrega de recursos naturales o haya sido una orden del Fondo Monetario Internacional. “Es una narrativa política que están tratando de imponer aquellos que se beneficiaron con la entrega de los recursos naturales en el pasado…los que firmaban contratos secretos en la Asamblea, beneficiando a chinos, rusos y otros países amigos del régimen”, dijo el jueves 1 de enero.
Después de la mentira y la mendacidad, vino el ninguneo hacia los sectores sociales y de trabajadores opositores al decreto: hablamos con ustedes, pero el decreto no se toca. Podemos revisar algunos artículos, si quieren; si no, peor para ustedes. “Las puertas del gobierno están abiertas al diálogo” fue el título de varias portadas de diarios y plataformas de radios y televisoras, pero en los hechos, no hubo ni una sola invitación formal a los inconformes. Por redes sociales se enteraron de que los ministros de Paz los invitaban a dialogar el miércoles 31 de diciembre, pero simultáneamente (la burla) apareció otra invitación para el lunes cinco de enero.
Después del ninguneo, el insulto: “Las protestas tienen orientación política influenciada por Evo Morales; en esa movilización existen mochilas de dineros”: René Flores, viceministro de Coordinación con Movimientos Sociales. “Un dirigente gana el equivalente a siete ministros de Estado…gana 50.000 u 80.000 bolivianos, cooperativas que se regalan lotes enteros de vehículos de alta gama, seguramente no dependen del transporte público como muchos otros”: Fernando Aramayo, ministro de Relaciones Exteriores.
Hoy lunes, el gobierno se reunirá con los inconformes, y todo parece indicar que no habrá acuerdo, no porque no se pueda, sino porque Rodrigo Paz ya es rehén de su propia mentira. Quizá por eso, en una reunión que tuvo con dirigentes del trasporte, les dijo mátenme, cuélguenme, pero el decreto 5503 no se abrogará.
Al principio dijimos que había dos tipos de mentirosos: el que miente con las tres agravantes o el novato que miente porque le hacen mentir, el mal asesorado. Si el Presidente está entre estos últimos, aún tiene la oportunidad de rectificar y, con una disculpa, recobrar la confianza que le dimos en las urnas. Siempre hay tiempo para corregir, pero también para reincidir, porque una mentira lleva a otra y a otra y a otra. Sólo recordarle lo que Hannah Arendt dice de la verdad y la mentira en la política: “Las mentiras resultan a menudo mucho más verosímiles, más atractivas para la razón, que la realidad, porque quien miente tiene la gran ventaja de conocer de antemano lo que su audiencia espera o desea oír. Aun así, en circunstancias normales, el mentiroso siempre es derrotado por la realidad”.
(*) Javier Bustillos Zamorano es periodista
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