Cuando
Hansi Flick pronunció aquella a frase de que los egos matan el éxito", después del empate ante el
Rayo en
Vallecas en la tercera jornada de
LaLiga, a final del mes de agosto, no fue una sentencia lanzada al aire sin más. Fue, más bien, una declaración de intenciones. Desde su llegada al
FC Barcelona, el técnico alemán dejó claro que el proyecto no giraría en torno a nombres propios, estatus o jerarquías heredadas, sino a la disciplina colectiva, al compromiso y a la idea de equipo por encima de todo.
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