España es uno de los países europeos con mayor consumo de antibióticos , tanto en el ámbito hospitalario como en la atención primaria. Según datos del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN), alrededor del 80% del consumo total se realiza fuera de los hospitales, y los medicamentos más dispensados son amoxicilina-clavulánico, azitromicina, cefuroxima y ciprofloxacino . «Los antibióticos funcionan destruyendo microorganismos . Y cuanto más amplio es su espectro, más cosas destruye: no solo la bacteria que te enfermó, también parte de tu microbiota», indica en una de sus últimas publicaciones en las plataformas digitales el doctor Sebastián La Rosa , reconocido por divulgar en redes sociales sobre alimentación, longevidad y bienestar integral. Los antibióticos de amplio espectro son medicamentos que combaten una gran variedad de bacterias , tanto Gram-positivas como Gram-negativas, usándose cuando no se conoce la bacteria específica causante de una infección grave o para infecciones mixtas, a diferencia de los de espectro reducido que actúan sobre un grupo más limitado. En este contexto apunta la literatura científica que los antibióticos alteran de forma profunda, y a veces duradera, la microbiota intestinal , por lo que los expertos insisten en utilizarlos solo cuando son realmente necesarios. Ensayos clínicos y revisiones han observado que, tras iniciar un tratamiento, cae de forma rápida la diversidad bacteriana, y se producen cambios en las poblaciones del intestino, un fenónomo que se conoce como disbiosis. Al mismo tiempo, algunos estudios describen un aumento de genes de resistencia y la selección de cepas más resistentes, con impacto potencial en infecciones futuras. Una revisión en BMJ Open - revista médica de acceso abierto - concluye que en la mayoría de adultos la microbiota tiende a recuperarse parcialmente en semanas , aunque ciertos efectos se mantienen entre dos y seis meses, dependiendo del antibiótico consumido. Otros trabajos de seguimiento prolongado muestran que, aunque la diversidad global mejore, pueden perderse cepas beneficiosas y aparecer variantes nuevas, cambiando la funcionalidad del ecosistema intestinal . El divulgador argentino explica que el objetivo ideal sería eliminar únicamente la bacteria responsable de la infección, ya sea una faringitis o una infección urinaria. Sin embargo, eso rara vez es posible. «Como eso no existe y no tenemos el tiempo para hacer una prueba y error, usamos lo que se llaman antibióticos de amplio espectro», señala el experto en un vídeo subido a sus redes sociales. El especialista compara su efecto con el de un accidente en una autovía: las consecuencias se perciben no solo en el punto del impacto, sino durante kilómetros. Del mismo modo, estos antibióticos pueden alterar profundamente la microbiota intestinal, el conjunto de bacterias beneficiosas que habitan nuestro organismo y desempeñan un papel clave en la digestión, la inmunidad y el equilibrio metabólico . «El cambio puede ser tan profundo que tardamos años en revertir su impacto». El abuso o uso inadecuado de estos fármacos no solo afecta a la microbiota, sino que también favorece la resistencia bacteriana , uno de los mayores retos de salud pública del siglo XXI. La OMS y otros estudios como los de 'The Lancet' estiman que para 2050 esta resistencia podría causar más muertes anuales que el cáncer. De ahí que los expertos insistan en la prescripción responsable y en comprender que los antibióticos no sirven para todo, especialmente no para los virus. Cuidar el equilibrio entre utilidad médica y salud intestinal se perfila actualmente como un nuevo desafío de la medicina preventiva.