Matías Almeyda se asemeja ese niño que esta mañana descubre con una sonrisa nerviosa los regalos , casi que rompe el envoltorio y se pone a jugar con ellos sin saber bien cómo funciona. Si lleva pilas, ni se las pone. Trata de forzarlos, de hacerlos funcionar aunque en su fuero interno sepa que no es posible. Es una metáfora de cómo se siente el entrenador argentino con su Sevilla y esa idea de juego que no terminar de hacer llegar a sus hombres. O ellos no se sienten del todo cómodos al desarrollarla. Si juega con tres centrales, le cuesta un mundo generar ocasiones, aunque es menos vulnerable . Si juega con defensa de cuatro, sobre todo si va...
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