El día de Reyes de 1976 dejó una noticia amarga en Alicante, la del fallecimiento de unos de sus hijos más ilustres, Óscar Esplá. El compositor, de 89 años, moría en Madrid y dejaba un legado de tal calibre que 50 años después su nombre resuena en muchos de los rincones de la ciudad que le vio nacer. Atrás dejaba una carrera jalonada con reconocimientos, se iba un músico ilustre, académico de Bellas Artes y cuyo nombre llevaba un premio que organizaba el Ayuntamiento de Alicante. Esplá, cuya capilla ardiente se situó en el Conservatorio Superior, había dejado por escrito ser enterrado en el monasterio de la Santa Faz, donde hoy todavía se le rinde homenaje, pese a que quien quiera visitar su recuerdo haya de buscar a conciencia. Composiciones suyas como El sueño de Eros, Don Quijote velando armas o Sonata del sur quedan para siempre, como de momento continúa dando su nombre a una de las arterias principales de Alicante, entre la estación de tren y el puerto.