Venezuela: ¿El Dorado caribeño para España, tras la fiebre expropiadora chavista?
A las 4:30 de la mañana del 14 de diciembre de 1922, en el pequeño villorrio de La Rosa, frente a Maracaibo, comenzó a llover oro negro entre los gritos de júbilo de los trabajadores de Shell. Diez días se tardó en controlar el «gran reventón». El pozo arrojó 100.000 barriles diarios de crudo sin control y destapó las mayores reservas de petróleo del mundo, originando la adicción al crudo de Venezuela.
Tras un cuarto de siglo desperdiciado, ese maná podría volver a brotar, alimentando a toda una economía devastada que necesita reconstruirse desde los cimientos, lo que abre un escenario radicalmente distinto para las empresas españolas, que llevan operando desde siempre y contra viento y marea en el país caribeño. Sobreviviendo a las confiscaciones del régimen chavista, a la hiperinflación y a las dificultades para repatriar beneficios, si los hubiera.
Durante los años del chavismo desbocado, el «exprópiese» se convirtió en política de Estado durante los «Aló, presidente» interminables de Hugo Chávez. Cerca de 1.322 empresas fueron nacionalizadas. PwC estima que el régimen desembolsó unos 23.000 millones de dólares en compensaciones, aunque Washington cuestiona ahora si esos pagos fueron reales o simples maniobras para esquivar los arbitrajes internacionales, que se sumarían a los 22 laudos impagados que acumula Caracas frente al Banco Mundial por unos 17.300 millones.
Entre los activos expropiados figuraron la filial del Banco Santander, la Siderúrgica del Orinoco, participaciones de Holcim y Lafarge o la mina de oro de Las Cristinas, uno de los yacimientos auríferos más grandes del mundo.
Trump ha insistido en que la salida forzada de petroleras durante la nacionalización de la Faja del Orinoco en 2007 fue ilícita, animando a las empresas afectadas a reabrir reclamaciones. Un movimiento que muchas firmas españolas llevan tiempo preparando.
España, de hecho, es uno de los países más expuestos. Venezuela es un agujero negro económico de 1.160 millones de euros para España. En 2024 el déficit comercial español con el país caribeño alcanzó esa cifra, la más alta en 18 años y el triple que en 2022. España es ya el cuarto mayor cliente de Venezuela, solo por detrás de Estados Unidos, India y China. Pero la relación está desacoplada: el 94,59% de lo que se importa es petróleo y derivados.
Y ahí aparece Repsol, la empresa española que más se juega en la transición venezolana.
Venezuela es la segunda mayor fuente de reservas probadas de Repsol en el mundo, con 256 millones de barriles, cerca del 15% de todo su petróleo y gas, unos 13.000 millones de euros. A ello se suma una exposición directa de 330 millones de euros en deudas comerciales de PDVSA y un objetivo claro: recuperar cerca de 1.000 millones que le debe Caracas. La petrolera extrae, además, el 33% del gas que consume el país.
La importancia de Repsol es aún mayor porque el crudo venezolano es extrapesado, casi alquitrán. Paradójicamente, el crudo estadounidense es demasiado ligero así que las refinerías necesitan mezclar ambos para producir diésel y asfalto. El problema es que PDVSA envía un crudo «sucio» que solo petroleras como Repsol pueden pulir. Sin embargo, la firma española sabe que reconstruir el sector exige 100.000 millones.
Pero las oportunidades están por todas partes. En renovables, Venezuela parte prácticamente de cero. Décadas de abandono han dejado un sistema eléctrico frágil, con apagones recurrentes y sin inversión en solar, eólica o redes inteligentes. Para las constructoras, ingenierías y energéticas españolas, el país es un lienzo en blanco. Igual que con las carreteras, puertos y aeropuertos.
Algo más de medio centenar de grandes empresas españolas operan hoy en Venezuela. Entre ellas Telefónica, BBVA, Inditex o Mapfre, además de Repsol. Telefónica, que controla más del 40% de los servicios de telecomunicaciones y cuenta con 1.500 empleados, anunció una inversión de 470 millones de euros para ampliar su red 4G y desplegar 5G, pese a haber manifestado su intención de salir del país.
BBVA mantiene su filial Banco Provincial, con 160 oficinas, más de tres millones de clientes y cerca de 2.000 empleados. Es líder entre los bancos privados y, junto a Mapfre, ha activado planes de continuidad para garantizar el servicio. El sector financiero será clave en la reconstrucción de un país sin crédito. También el turismo espera su momento. Meliá y Hesperia mantienen hoteles en un mercado hoy paralizado. y las aerolíneas como Iberia, Air Europa o Plus Ultra se frotan las manos.