La desesperanza
Álvaro d'Ors (no Eugenio ni Javier ni Miguel ni Pablo, sino el catedrático de derecho), cuando sus alumnos le presentaban sus tesis, recomendaba oscurecerlas. Lo oscuro da prestigio; incluso preserva si la tontería es grande. Hubo un tiempo en que las leyes eran secretas, eso sí, de obligado cumplimiento para la plebe. Después se hicieron públicas e inteligibles. Mucho más tarde, lesionarlas te convertía en una parte del mundo en un protector del derecho.