Que no se repitan tales situaciones
El pasado 9 de diciembre afirmé que «en medio de tantas privaciones, carencias y dificultades, al menos las tareas de prevención pública frente a las peligrosas arbovirosis deben llevar un componente de comprensión y sensibilidad ante lo que padecen los ciudadanos». Y lo dije por lo denunciado aquí ese día por Niurka Fraguela Sentmanat, desde Lawton, en el municipio capitalino de Diez de Octubre.
Decía ella que es diabética y hacía un mes que padecía las secuelas del chikungunya: Y de las cuatro esquinas de la manzana donde reside, en dos había contenedores de basura que primero perdieron sus ruedas, y después desaparecieron. Esas esquinas terminaron en basureros que llegaban al medio de la calle.
Y contaba que habían mandado a fumigar. Fueron los compañeros a las diez de la mañana a avisar para que prepararan todo. Así obraron los vecinos, con cierta lentitud por los dolores que les aquejan. Y a las 10:30 estaban listos. Pero pasaba el tiempo, y después de las 12 y 30 del día, comunicaron que se le había acabado el combustible a la bazuca y tenían que rellenarla, porque faltaban apenas cuatro casas.
Fue otra media hora de espera. Y cuando regresaron, Niurka comenzó a protestar. Pero pensó que faltaba poco, y podía seguir esperando.
«Así, afirma, disciplinadamente salimos y el compañero nos firmó el visto. Y cuál no sería mi sorpresa que cuando solo faltaba mi casa, una vez más se acabó el combustible… Y esta vez sí entré dispuesta a calentar y comerme mi almuerzo porque no estaba dispuesta a sufrir una hipoglucemia.
«Al regresar, los compañeros se disgustaron porque en forma un poco descompuesta por el dolor del virus y por el malestar que provocaba mi azúcar baja, les dije que hasta que yo no almorzara no se iba a fumigar. El final del cuento es que no esperaron 15 minutos después de que yo esperé por ellos tres horas, que perdí de haber estado trabajando y/o cocinado, aprovechando que era un tiempo con electricidad, que son escasas también las horas de ella que tenemos. Y a todas luces, ellos fumigaron, porque el visto está firmado.
«Es una falta de respeto tras otra, continuaba... ¿Es muy problemático pedir un tiempo en el horario de almuerzo para almorzar los vecinos? Yo soy diabética, pero en el vecindario hay ancianos mayores y niños que también necesitan respeto a sus horarios de almuerzo. Ahora estamos corriendo para tratar de cogerle la delantera al virus, pero no puede ser de manera atropellada con el vecindario».
Al respecto, responde el doctor Manuel Rivero Abella, director general de Salud en La Habana, que se constituyó una comisión provincial para investigar el caso, la cual se entrevistó con Niurka y con el operario de vectores, y revisó el visto.
Y constataron que ese día el operario realizó tres cargas con el equipo, cumpliendo adecuadamente con sus áreas programadas. Y fue la lejanía de la vivienda de la quejosa, y la irregularidad del terreno, ubicada en una pendiente, lo que motivó la demora.
Se evidenció, añade, que quienes estaban realizando el adulticida son de la brigada de apoyo a la campaña y no operarios del policlínico. Y se constató que se había realizado el tratamiento adulticida en la vivienda de Niurka.
«Es cierto, dice Rivero Abella, que esa actividad lleva sensibilidad y comprensión, por lo que se socializó el caso con los operarios de vectores para que incidentes como estos no se repitan. Ese tema fue tratado en un intercambio con las brigadas de apoyo a la campaña». Y refiere que se le ofreció respuesta a Niurka, quien mostró su conformidad.
Se agradece la respuesta y la comprensión de que tales situaciones no deben repetirse, con una adecuada comunicación entre las brigadas de apoyo a la campaña y los vecinos.
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