Los congresos de literatura tienen bastante mala fama y son blanco de sátira frecuente en novelitas, pero también pueden ser una fiesta. O un laboratorio de ideas, como se dice ahora. Sea como fuere, recientemente he tenido varios saraos de este tipo y un nombre salía a cada rato: Garcilaso de la Vega , el poeta con mayúscula del Renacimiento español y, por ello, autor de cabecera de Cervantes. En uno —y aquí va una confesión de intrahistoria—, un amigo inició el juego de brindar cada vez que alguien, porque sí y sin venir a cuento, se sacaba de la manga una cita de Garcilaso: «¡Oh dulces prendas por mi mal halladas!», salud; «Pasando el mar Leandro el animoso…», chupito....
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