"No es que Florentino vaya a echarle..."<br>
Los aficionados saudíes querían un Clásico en la final y lo tendrán, aunque para ello debieron pagar un elevado precio: tragarse el derbi más infame que se recuerda en años, un partido de una vulgaridad sonrojante, impropio de la calidad que se presupone a dos plantillas repletas de futbolistas hoy muy lejos de su mejor estado de forma cuando no directamente devaluados. El Atlético echó de menos el criterio de Barrios, tuvo más voluntad que acierto y mereció mejor suerte porque la buscó con más determinación que un Real Madrid tenebroso que tras el gol se echó atrás a sobrevivir como buenamente pudo, en la más pura tradición del ‘carlettismo’ pero con menos oficio.