«Hay un poco más de café, pero sigue siendo para todos», dice Josep Rius, como quien eructa. Cada vez que leo la frase –llevo atrapado en ella unos minutos– no puedo evitar que resuene en mí con la prosodia del borracho que sale de una taberna arrastrando la erre y la dignidad de camino a Vic, a recoger purines. Hay algo profundamente enfermo en Cataluña. Y no me refiero –cansa recordarlo siempre– a toda Cataluña ni a todos los catalanes . Pero sí al 'zeitgeist' comarcal que tan bien nos explicó Pla y que deriva en la convicción tribal de que son diferentes –¿a quién?– y que el resto de españoles les debemos algo por ello. Están convencidos de que...
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