Alcaraz le gana a Sinner la primera batalla de 2026, un partido de exhibición previo al Open de Australia
El primer Alcaraz - Sinner del año llegó pronto. Se esperaba que pudiera haberse disputado el 1 de febrero, en la final del Open de Australia, igual que han jugado el partido definitivo de los tres últimos Grand Slams, Roland Garros, Wimbledon y el US Open. Melbourne es el título que se le ha resistido al español, los cuartos son su límite; en cambio, está empezando a ser el reino el italiano, campeón las dos últimas temporadas. Pero eso será en el futuro lejano. Antes se han visto las caras en un duelo de exhibición en Corea del Sur, en el Inspire Resort Arena, ante 12.000 espectadores.
Es el tercer partido que juega Carlos desde que puso el punto y final a la campaña pasada en las ATP Finals, precisamente en otro duelo con Sinner, pero “de verdad”. Disputó en diciembre dos en Estados Unidos, contra Tiafoe y Fonseca, y en esta ocasión se ha medido a su gran rival. Este encuentro les va a reportar a cada uno, según informó la “Gazzetta”, dos millones de euros. La recompensa es grande por un partido jugado a menos de medio gas. El ganador en Australia, tras dos semanas de tensión y siete duelos al mejor de cinco sets, se embolsa 2,6 millones.
Más exhibición que tensión
El factor económico es factor determinante, casi irresistible, para jugar. Otro puede ser que se trata de un entrenamiento de lujo, aunque quizá no sea lo ideal enseñar las armas tan pronto contra tu oponente más importante. Tampoco lo hicieron. Que el resultado no era lo más importante se notó en el segundo juego, cuando Alcaraz dio un golpe por la espalda y Sinner, en lugar de ganar en la volea, puso la bola para que el español llegara... E intentó responder con otro tiro por la espalda. O poco después, cuando intercambiaron no menos de 20 reveses cortados cruzados, a ver quién se cansaba antes, con los “ohh” del entusiasta público coreano casi con cada acción.
La pista era muy rápida, otro inconveniente del partido, ya que hubiera sido mejor tener unas condiciones parecidas a las de Melbourne Park. Pero en el fondo esto tampoco forma parte de la preparación para el primer Grand Slam de la temporada, es como un paréntesis. Las exhibiciones, en realidad, no son algo nuevo. Björn Borg, por ejemplo, renunció a jugar un Roland Garros para hacer una gira por Estados Unidos, también en unos años en los que ni con el tenis se ganaba tanto dinero ni se miraban los récords como ahora. Hoy en día es impensable eso, los “amistosos” siempre llegan en momentos de entreguerras de los grandes torneos.
El partido se movió entre las risas y la complicidad de ambos tenistas y con la dificultad añadida de la velocidad de la pista, que hizo que por momentos ambos jugaran contenidos. El modo exhibición lo pusieron en varios momentos más: repitieron lo de los reveses cortados con tiros con ángulo; había hueco al otro lado, pero seguían tirando ahí, a ver quién fallaba antes, hasta que el español se quedó sin hueco; también en un momento en el que el murciano estaba en la volea y su rival en el fondo, pero le tiraba la bola a él para que volviera varias veces, como si fuera un calentamiento.
Hubo interacción con el público, con Sinner regalando una pelota a un seguidor y haciéndole el gesto del corazón; y, especialmente, cuando en el segundo set le dio la raqueta a un chaval que estaba en la grada, en primera fila, para que disputara el siguiente punto. Alcaraz le puso la bola cómoda, lógicamente. Al primer intento al chaval le pudieron los nervios, y falló, pero después metió una derecha, otra, otra... Y metió la bola en la línea. “40-40”, cantó el árbitro. El punto subió al marcador.
El partido iba 7-5 y 2-2. Carlos se había llevado el primer set y desde ese momento el duelo se volvió algo más real. Seguían las risas, cuando, por ejemplo, una pelota tocaba en la cinta y pasaba, pero los intercambios ya eran intensos. Se vio por primera vez intención de ganar. El tie-break del segundo set lo jugaron con todo. Se lo llevó el murciano con una derecha cruzada a la que Jannik llegó forzado: 7-5 y 7-6 (8/6).
El número uno y el dos del mundo se dieron un abrazo, y se irán prácticamente directos al avión. Les esperan diez horas de vuelo, unos 8.500 kilómetros, hasta Melbourne, donde empezará lo serio.