Un crecimiento desde apenas 7.000 habitantes a más de 20.000 en pocos años para convertirse en el pueblo de los juguetes , el mayor núcleo de empresas de la industria de los sueños para los niños españoles. Esa transformación experimentó Ibi , en el interior de Alicante , un proceso extraordinario ahora ilustrado en un libro de fotos. Una década de los 60 del siglo pasado trascendental para este municipio, gracias al espíritu pionero de unos pocos que desde la artesanía con hojalata (luego vendría el plástico) proporcionaron trabajo y un futuro a familias venidas de zonas de Andalucía y Castilla-La Mancha en la época histórica del desarrollismo durante la dictadura de Franco. Ahora, Vicente Sanjuán ha recopilado imágenes de aquellas calles urbanizadas apresuradamente en barrios de nueva creación en el extrarradio (la Dulzura, la Ciudad Deportiva, San Miguel o 'Nueva York') que vistos ahora ofrecen una estampa casi de película del Far West, sin asfaltar, caminos polvorientos sin aceras. «Vinieron familias en las que a veces los padres siguieron trabajando en el campo, que era lo que conocía y ya se veían mayores para entrar en las fábricas , mientras que los hijos sí se ganaban la vida en la industria», describe el autor, editor y filósofo. En esta edición de Àrea Oberta -empresa que publica el semanario comarcal Escaparate - se plasma un contraste elocuente entre fotos en blanco y negro de aquella etapa y las actuales, captadas por Enrique Juan Fuster en los mismos lugares, más de medio siglo después. En algunos casos, han tenido incluso que descartar algunas por no haber podido ubicarlas en el espacio hoy en día, tal ha sido el cambio radical con las edificaciones posteriores. Y abundan los detalles para el análisis costumbrista de cómo evolucionó la vida corriente de los ibenses, por ejemplo, al contemplar un árbol de grueso tronco en medio de la calle principal en el casco antiguo, junto a la iglesia, o una fuente. Dos elementos icónicos en los tiempos del carro y las mulas, que sucumbieron ante la llegada de los primeros automóviles, cuando se convirtieron en un obstáculo para el tráfico rodado. «Es para que la gente sepa que el pueblo, tal como lo conocemos hoy, no viene de la nada», apostilla Sanjuán, como reflexión general para sus paisanos, acerca del valor documental de esta obra.