La insoportable vanidad del ser… concejal
El peso es responsabilidad y sentido, es aquello que nos ata a la realidad; es la gravedad de las consecuencias. Por el contrario, la levedad es tenue, evasiva e insignificante; es la ausencia absoluta de cargas. Esta dicotomía existencial explorada por Milan Kundera es la perfecta analogía para el fenómeno electoral del cual hoy somos víctimas.
El ser concejal de un municipio debería ser sinónimo de peso; es decir, de responsabilidad. Más allá de lo que nos hicieron pensar las actuales autoridades, ser concejal es más que tener miles de seguidores y hacer videos virales. Implica el peso de la fiscalización; la responsabilidad por la revisión de procesos, proyectos y contratos; la redacción y revisión de leyes y, sobre todo, la deliberación de ellas.
Sin embargo, tal parece que, al menos en La Paz, los 209 postulantes a dicho cargo tienen pánico al peso y optan por la levedad: por el filtro, la campaña predeterminada, y el camino fácil, huyendo de las propuestas reales.
El narcisismo digital ha confundido a las redes como un fin y no como el medio para comunicar e informar. Es cierto, hoy las elecciones se ganan mediante las redes sociales, pero no gana quien más likes tiene, sino quien mejor conecta. La campaña se ha reducido a la dopamina del algoritmo: los candidatos no buscan el voto reflexivo, buscan la viralidad. Hoy venden panes, limpian plazas, bailan e incluso bachean calles. Sin lugar a dudas esto genera interacción, pero definitivamente no es lo que la ciudad necesita.
Del autor: Hashtag ¡Lo logramos!
El ciudadano actual, cada vez más comprometido con el proceso de elección de sus gobernantes, no busca ni necesita que se coloquen plantines que nadie regará jamás; necesita que se garanticen las condiciones adecuadas para que los especialistas del municipio realicen un mantenimiento periódico y adecuado. No necesita un espectáculo por la apertura de una cancha que será cerrada nuevamente en una semana; necesita que se establezca una norma real y funcional de administración de campos deportivos que permita una sana convivencia entre la Alcaldía, los vecinos y sus dirigentes. No necesita bacheos mal realizados y diez videos al respecto; necesita una fiscalización a la empresa municipal de asfaltos para garantizar un trabajo constante, apropiado y oportuno.
Esto, según Kundera, es el Kitsch: una cortina falsa que oculta la realidad, pues pretende generar una sensación de bienestar cuando todo está mal. Busca una satisfacción temporal.
Y sí, los candidatos a la fecha han demostrado que son nada más y nada menos que una apología del Kitsch, hacen donaciones, por ejemplo, que no persiguen el beneficio real del ciudadano o un cambio en su municipio, sino buscan una foto bien angulada y un encuadre perfecto para el siguiente reel.
Esta dura realidad no solo avizora una época de campaña electoral repugnante y vacía, sino que también anuncia que, salga quien salga ganador La Paz perderá. Pues nos espera un refrito de la gestión actual: una gestión sin fiscalización efectiva, sin producción legislativa y gritos, insultos, abandonos e incluso traiciones a nombre de la deliberación,
Esto debería hacer que no solo cuestionemos a candidatos y su incompetencia, sino a nosotros mismos antes de defenderlos, apoyarlos e incluso votar por ellos.
(*) Rodrigo Mamani Magne es arquitecto municipalista
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