Epicteto: “No son las cosas las que perturban, sino los juicios que se hacen sobre ellas”
Epicteto, una de las voces centrales del estoicismo antiguo, resumió en una frase la idea clave que ha inspirado a generaciones: la felicidad depende menos de lo que ocurre fuera que de cómo interpretamos lo que ocurre dentro. Para el filósofo, nacido en la segunda mitad del siglo I d. C. y recordado por obras como el Enquiridión y las Disertaciones, la solución al malestar humano pasa por devolver a la mente su papel regulador frente a las impresiones externas.
Del esclavismo a la escuela de Nicópolis
La propia vida de Epicteto ilustra su enseñanza. Probablemente nacido en Hierápolis y vendido como esclavo en Roma, su condición inicial no impidió que se formara bajo la guía de Musonio Rufo y, tras alcanzar la libertad, fundara su propia escuela en Nicópolis (Grecia) cuando fue expulsado de Roma. Asumió con naturalidad el decreto que obligó a los filósofos a abandonar la ciudad, interpretándolo no como una injusticia personal, sino como un acontecimiento externo ajeno a su control.
Este episodio marcó definitivamente su pensamiento: lejos de aferrarse al resentimiento, optó por reconstruir su vida en Nicópolis, donde consolidó su reputación como maestro y convirtió su escuela en un referente del estoicismo práctico. Su trayectoria, de humilde origen a maestro influyente, refuerza la idea estoica de que la dignidad y la libertad auténticas dependen del carácter y no de las circunstancias externas. La mencionada frase que dejó textualmente es la siguiente: "No son las cosas las que perturban a los hombres, sino los juicios que hacen sobre las cosas".
La filosofía práctica detrás de la frase
La propuesta de Epicteto parte de una distinción simple y poderosa: existen cosas que dependen de nosotros (nuestras opiniones, deseos y decisiones) y cosas que no dependen de nosotros (la salud ajena, el paso del tiempo, las riquezas externas). El sufrimiento, según él, nace cuando trasladamos a lo externo la autoridad sobre nuestro bienestar. Esta orientación convierte a la filosofía en una herramienta práctica: no es teoría abstracta, sino entrenamiento para entrenar la mente y recuperar la serenidad.
Prohairesis: el poder de elección interna
En griego, la noción clave es prohairesis, que podría traducirse como voluntad, deliberación o poder de elección interna. Epicteto sostenía que, aunque no podemos controlar la mayoría de las impresiones que nos llegan, siempre podemos examinar y gobernar la respuesta que damos a esas impresiones. Esa disciplina interior, autoevaluación, uso de la razón y práctica constante, es la piedra angular de una vida menos angustiada y más libre.
Así se aplica esta frase en la actualidad
La receta epicteteana resulta sorprendentemente contemporánea: técnicas de revaloración cognitiva, entrenamiento en atención y la recomendación de centrar el esfuerzo en lo controlable son hoy pilares en terapias psicológicas y en prácticas de gestión del estrés. Más allá de la retórica, su mensaje ofrece herramientas concretas para afrontar ansiedad, incertidumbre y pérdida sin delegar la responsabilidad de la calma en factores externos.
Por qué sigue importando Epicteto
En un mundo saturado de estímulos y con una sensación creciente de pérdida de control, la lección de Epicteto permanece útil: no porque anule la realidad, las pérdidas, las injusticias o los imprevistos siguen existiendo, sino porque nos devuelve algo más valioso que la mera respuesta emocional: la posibilidad de elegir. Recuperar ese margen interior, defendía el filósofo, es la verdadera fuente de bienestar y la mejor vacuna contra la volatilidad de la vida cotidiana.