Ramón, un español que vive en Groenlandia, asustado por la amenaza americana: “Temor, estupefacción e indignación”
Crece la tensión en Groenlandia. Tras la captura de Maduro, Donald Trump fija la isla como uno de sus grandes objetivos, que no el único. El presidente de Estados Unidos ha repetido con insistencia su deseo durante años y ahora la situación ha escalado a crisis diplomática. Trump ha reactivado la ambición de adquirir o imponer control sobre el territorio (autónomo dentro del Reino de Dinamarca) con el argumento de la seguridad en el Ártico y la necesidad de frenar la influencia rusa y china.
Groenlandia ha dejado de ser un gigante inerte en los márgenes de los mapamundis para convertirse en la pieza central del tablero estratégico global. En esta isla inmensa y escasamente poblada colisionan las necesidades existenciales de Rusia, la voracidad comercial de China, el retorno del poder duro estadounidense y el desconcierto de una Europa que, atrapada en su laberinto burocrático, sigue resistiéndose a comprender la gramática del poder.
La situación en dicho país se ve desde España como algo lejano y no se entiende del todo. Para intentar acercarla, Ramón Larramedi, un español que vive en Groenlandia desde hace 40 años, acudió a Espejo Público. Él conoce a la perfección el sentimiento del país. Se gana la vida allí con una empresa de turismo y explica la situación en este momento de alta tensión.
Así ve un español la situación en Groenlandia
Ramón explicó el sentimiento de los groenlandeses con tres palabras: "Temor, estupefacción e indignación". El español desvela el motivo: "Por el trato recibido, un poco ultrajante". Narra que en Groenlandia había una percepción positiva de Estados Unidos: "Lo más llamativo es que Groenlandia era un país bastante proamericano. La relación con Estados Unidos desde la II Guerra Mundial, donde durante cinco años estuvo tutelada por ellos, ha sido buena".
Incide en su explicación: "Toda la población tenía una percepción positiva de Estados Unidos, no ha habido problemas, ha llegado a haber 17 instalaciones militares y casi todo el mundo ha llegado a trabajar en alguna de estas en asuntos civiles". Ramón sorprende: "Había cierta percepción de abandonar el tutelaje danés y pasar a un tutelaje americano". Sin embargo, ahora todo ha cambiado tras la reciente tensión: "Se ha conseguido totalmente lo contrario, se ha vuelto a la población totalmente antiamericana".
Un giro radical
Este español explica que todo ha cambiado allí: "La relación con Dinamarca empezó muy mal por muchas afrentas coloniales cuando estaba en un proceso de descolonización y, de repente, se ha reforzado la relación". Al revés ha pasado con Estados Unidos: "La percepción popular es totalmente contraria". Groenlandia estuvo en la Unión Europea y se fue en 1984: "Salió por la pesca, la principal economía del país".
Él no entiende la situación actual: "Lo desconcertante es que Estados Unidos ya tiene una presencia militar importantísima y sería fácil renegociar un acuerdo de defensa". Pone un ejemplo: "Si quieren montar tres bases más, probablemente no habría ningún tipo de problema". No entiende la situación: "De alguna manera, ya está dentro de la influencia absoluta americana y nadie duda de que la seguridad depende de Estados Unidos". Resume la situación con una frase de la ministra del país: "Groenlandia necesita a Estados Unidos lo mismo que Estados Unidos necesita a Groenlandia".
Ramón plantea la opción del estado asociado, pero ahora lo ve más difícil: "Hubiera sido más viable hace un año, gestionado de con un poco más de tacto y no insultando de alguna manera a la población y poniéndola en contra". Concluye abriendo la duda: "Si subiera el nivel de vida, pudiera ser una opción".