La ordinalidad era esto
A Sánchez le da igual destruir al Estado con tal de permanecer unos meses más en la Moncloa. La propuesta de financiación autonómica, rechazada por la inmensa mayoría de las autonomías, incluidas las socialistas, supone un paso más en esa espiral de lapidación de unas estructuras estatales que no aguantan la desigualdad que se pretende establecer entre unos territorios y otros. Cataluña sale escandalosamente beneficiada en perjuicio del resto de las comunidades, a los que doña Montero quiere compensar inventándose milongas como el Fondo Climático, basadas en apretar aún más las tuercas de imposición fiscal a unos españoles que ya no saben por dónde más van a ser esquilmados. Cataluña es claramente beneficiada porque dejará de aportar 1.456 millones a la Caja común, pese a ser la segunda comunidad autónoma más rica del país. Cataluña acabará aportando 10 veces menos (810 millones) que Madrid (que aportará 8.013 millones), según el contundente informe de Fedea, el prestigioso think tank que preside Ángel de la Fuente. La conclusión es bien fácil. Se beneficia a Cataluña y se perjudica a Madrid por razones políticas. Cataluña gana porque el independentismo es quien da soporte de gobierno a Sánchez, y Madrid pierde porque Ayuso se ha erigido en enemiga número uno del inquilino de la Moncloa. Así de simple y de sencillo. Para trampear con el resto de los territorios, se inventan un Fondo Climático que se utiliza para «comprar» las voluntades de Andalucía y la Comunidad Valenciana, presuntamente más expuestas que otras autonomías a los caprichos del clima. Argumento tan atolondrado como falso. Se trata apenas de concebir mecanismos artificiales para compensar el beneficio claro de Cataluña, eso sí, dejando a Madrid completamente aislada. Es decir, Cataluña gana la que más y todos los demás se llevan algo, menos Madrid, que es quien más aporta, y quien claramente sale perjudicada, por decisión plenipotenciaria de Pedro, que se ha empeñado en golpear a Ayuso en la cara de los madrileños. Problema no menor es que, si todo el mundo gana, como pregona Marisú, es que hay que poner más dinero sobre la mesa. Con el dinero de siempre no pueden ganar todos. Ergo, una de dos: o pierde el Estado central, o sea las pensiones y etc, o se suben los impuestos. Y esto último es lo que quiere hacer Montero: apretar aún más las tuercas a los españoles para pagar la fiesta indepe, a costa de la supervivencia de nuestro presidente. O sea, vamos a premiar el derroche de la Generalitat y a perjudicar a quienes, como Galicia, han sido extremadamente rigurosos en sus gastos. Así se escribe esta historia. Así se recompensa el trabajo bien hecho. Con F de fraude, como dijo ayer el consejero socialista de Castilla-La Mancha, tras salir de una escandalosa reunión que consagró el principio de que la ordinalidad significa más para Cataluña y para los demás, migajas. No de otra manera se puede explicar este engendro financiero hecho a imagen de Junqueras, que sabe perfectamente que con tal instrumento será más fácil que triunfe en el futuro una nueva declaración de independencia. La otra vez falló porque no puede haber independencia real sin independencia fiscal, y eso estará ahora más cerca.
Otro gran logro de Sánchez. Cuando se vaya del Gobierno, y algún día se irá, España será más desigual, más injusta, estará más desequilibrada y menos cohesionada. Un estado endeudado y esquilmado en recursos, con una educación de primera y otra de segunda, según donde se resida, y con mejores servicios, infraestructuras y sanidad para quienes peor gestionaron y más recursos dilapidaron. Esto era la ordinalidad, en efecto.