El futuro del chavismo
El 3 de enero no solo pasará a la historia como el día en que cayó Nicolás Maduro; también será el día en el que el chavismo comenzó a asumir, probablemente, su mayor reto histórico en 27 años: su propio futuro como oposición. El terremoto político en Venezuela sienta las bases para un reordenamiento de las piezas en un tablero que hoy se juega a varias bandas. En esa dinámica, por momentos surrealista, el chavismo es hoy materia viva pero amorfa, con signos vitales pero sin reconocerse a sí mismo. El chavismo es hoy un cuerpo carente de contenido, pero con posibilidades ciertas de reconfigurarse.
Chávez murió en 2013 y gozaba del 60 % de popularidad. Hoy, más del 40 % de los venezolanos afirman que «Chávez fue un buen presidente», y más del 20 % se autodefine como chavista. En otras palabras, el chavismo es una realidad política en Venezuela. Esto es compatible con la popularidad de María Corina Machado y con la victoria alcanzada en julio de 2024. En ese enjambre de conclusiones sociopolíticas, la propia existencia del chavismo como parte de una variable cultural representa un reto para toda la sociedad venezolana.
En lo que respecta a la oposición, su principal encomienda será desmontar el mito del Chávez «superhéroe», «titán antiimperialista» y «líder galáctico» que «pagó la deuda social histórica» legada por la democracia. El «pecado original» —la causa principal del desastre social, económico y político venezolano— se llama Hugo Chávez. Sin embargo, la mitad de los venezolanos no lo reconoce. La nostalgia por el personaje subsiste en un segmento importante. Y, verdad de perogrullo que viene al caso: los muertos no cometen errores. Por eso, la paradoja: en la medida en que el chavismo post-Chávez comete errores, su fundador gana legitimidad.
Para el chavismo, su vigencia en los espacios políticos pasa por superar rigideces ideológicas. La sociedad venezolana demanda soluciones, no eslóganes de utopías heroicas. Cuando los venezolanos apoyaron a Chávez, lo hicieron por el usufructo del sistema clientelar; apenas un 10 % compraba el «Yankee Go Home». En 2026, la lógica ciudadana no es distinta. María Corina es un fenómeno político no por enarbolar el liberalismo ni el capitalismo, sino porque ha sabido dibujar y convencer de que un futuro antagónico al presente es posible.
Mientras el protectorado norteamericano se asiente en el corto y mediano plazo, el chavismo tendrá que luchar por dilucidar y justificar sus grandes contradicciones. El fantasma de la incoherencia será para ellos, en la democracia que se avecina, una barrera política significativa. Al mismo tiempo, y viendo los números, la figura de Chávez se convertirá en su principal activo, pero prescindiendo de la épica revolucionaria y cimentando su propuesta en lo más popular: la dádiva del Estado.
El chavismo tendrá que asumir que el valor de la libertad es fundamental para que un país, maniatado por la barbarie revolucionaria, resurja finalmente desde el sentido común y se apreste a construir su futuro con esperanza.