Pensando en su padre, fallecido en 2014,
Sergey Hernández era un mar de lágrimas cuando ganó el año pasado la
Champions con el
Magdeburgo. El portero navarro, de 30 años, se fue a la grada, le puso a su madre al cuello su medalla de campeón, besó el trofeo de la Champions y dijo: "¡Por ti, papá!"
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