Semana gloriosa. Campeones de la
Supercopa y adelante en la copa, con un proyecto que parece perfectamente consolidado. Como la alegría va por barrios, del otro lado, en la casa blanca se percibe una barcelonitis aguda. El despido de
Xabi Alonso se antoja a un golpe de florentinato y la voluntad de ciertos pesos pesados del vestuario como ese
Mbappé que ahora hemos descubierto que tampoco sabe perder.
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