Libros de la semana: entre la servidumbre del deseo y el humor en la vida moderna
«Albión», de Anna Hope (9/10)
La muerte de un despreciable patriarca y su excéntrico funeral
Por Diego Gándara
Esta nueva novela de Anna Hope (Manchester, Reino Unido, 1974) gira en torno a un funeral y en torno a una mansión cuyo nombre el lector desconoce pero no el proyecto relacionado con ella y que da título a la novela, «Albión», y que consiste en ir más allá de los límites geográficos para crear un verde corredor desde los campos de Sussex y Kent hasta el mar. El punto de partida, de esta obra siniestramente familiar, es la muerte del patriarca, Philip Brooke, un hombre bastante despreciable y a quien nadie llorará, aunque las exequias tienen que hacerse en su suntuosa mansión del siglo XVIII rodeada de miles de hectáreas y de un paisaje bucólico que también son de su propiedad. Pero ahora que Philip ha muerto, toca hacer otra cosa: poner en marcha el Proyecto Albión.
Un personaje más
Pero nada será fácil. Porque las luchas intestinas y familiares salen a la luz. Frannie, la hija mayor y heredera de Philip, sólo piensa en llevar adelante el proyecto, mientras que otros de sus hijos, como Milo, un típico niño rico y exéntrico, sueña con hacer de la mansión un paraíso new age para millonarios y magnates. Isa, la hermana menor, que no veía a su padre desde hacía años, llega al funeral a regañadientes envuelta en una crisis de pareja y ansiedad. Para más inri, aparece Clara, una joven que viaja de Estados Unidos a Inglaterra para asistir al funeal y lleva un secreto que ella desea desvelar pero nadie, claro, querrá escuchar. La novela tiene los mejores ingredientes de la típica novela de campiña inglesa. La construcción de un paisaje que funciona como un personaje más, central, y también los vínculos complejos que unen y separan dan vida e impulsan, sobre todo, el relato hacia delante. Una novela, en todo caso, impecable, y una extraordinaria carta de presentación en español de una escritora como Anna Hope.
- Lo mejor: Anna Hope hace que una historia secreta, íntima, familiar, acabe resultando, también, una historia que toca y trastoca el mundo.
- Lo peor: Poco que criticarle a esta novela tan llevadera como intensa, salvo por algún aspecto menor del cierre de la historia.
«La cazadora de cuerpos o la ansiedad del deseo», de Najat El Hachmi (8/10)
La servidumbre del deseo o los variados laberintos del sexo
Por Ángeles LÓPEZ
Hay relatos que se presentan como celebración de la libertad y se revelan como su reverso. Aquí, el deseo no aparece como una conquista rectilínea, sino como un campo lleno de fricciones, contradicciones y puntos ciegos; un motor de gasolina que promete soberanía pero también produce agotamiento, extrañeza y una forma sutil de desposesión. La novela se sostiene sobre una primera persona. La narradora habla desde la urgencia y una lucidez que no la redime: se observa actuar, se explica, se contradice, reclama. Esa tensión da a la obra su arista más contemporánea. El lenguaje, directo y sin eufemismos, no busca el escándalo ni la pornografía emocional; persigue exactitud. El cuerpo se nombra como materia concreta y esa decisión opera como gesto ético, estético y político.
La limpieza como metáfora
La estructura acompasa el trayecto interior con fidelidad: del exceso a la conciencia del exceso. La primera mitad avanza por encuentros que adquieren forma de catálogo. Lo que se mapea no es una galería masculina, sino la cartografía de una ansiedad. En ese recorrido, la limpieza emerge como motivo metáfora. Fregar, ordenar, eliminar restos ajenos no es simple telón de fondo, sino un lenguaje paralelo al sexo: entrar en la intimidad de otros cuerpos y otras casas, tocar lo que no pertenece, intentar domar el caos mediante una disciplina material. La aparición del escritor para quien trabaja introduce un tempo diferente: la pausa, la mirada sostenida, la posibilidad de decir sin actuar. Más que promesa romántica, funciona como dispositivo de escucha. El libro no cae en moralejas y ahí reside su madurez. Al final, lo que queda no es una fábula de redención, sino una certeza incómoda y no por ello menos cierta: el sexo nunca es solo sexo, y la libertad puede parecerse demasiado a otra forma de servidumbre.
- Lo mejor: La voz confesional incisiva, erotismo sin complacencia y una metáfora doméstica poderosa para pensar el deseo femenino
- Lo peor: La tipificación de amantes es algo esquemática y su reiteración episódica que reduce la tensión narrativa
«Cerillas Garibaldi», de Julià Guillamon (8/10)
Un retrato con mucho humor de nuestra perpleja vida moderna
Por Jesús FERRER
La narrativa de Julià Guillamon (Barcelona, 1962) conforma una mezcla de relato costumbrista, evocación autobiográfica, crónica periodística, fábula satírica, reflexión ética y crítica cultural. Esta mixtura proporciona una amena literatura, acercando al lector a una palpitante actualidad, sumergiéndole en un entorno de vivencias cotidianas. El entramado vecinal del barrio de su infancia, las diferencias generacionales, los hábitos y moda, las paradojas de la modernidad y los desafueros de la política tejen una escritura de extraordinaria viveza. «Cerillas Garibaldi» es un conjunto de relatos breves que incide en estos referentes, y cuyo título alude a unos cartones con núcleos de explosivo que los niños hacían estallar rascándolos por las paredes. Un recuerdo pretextual para encarar la memoria del nostálgico pasado a la realidad de un disparatado presente.
Corte Kafkiano
Hallamos una figurada anecdótica donde se entrelaza lo distópico con lo cotidiano, en jocosas situaciones de corte kafkiano que no amagan la crítica hacia las contradicciones del mundo actual: asistimos al desconcierto en una sociedad donde se prohíbe regar los jardines públicos, robots sustituyendo a las personas, un estrambótico museo de latas, una tortuga terrestre sobreviviendo a sequías e incendios, el estupor que produce un pulpo en una playa nudista, un famoso diseñador de moda escandalizado ante el predominio de zapatillas de deporte desplazando a la elegancia del zapato clásico, unas patatas bravas suscitando una polémica familiar al hilo del esnobismo gastronómico y un hombre maduro al que su madre, que murió hace años, le quita las espinillas del rostro. Humor surreal, absurdas situaciones, cotidianas extravagancias y esperpénticas ocurrencias integran este hilarante libro que es a la vez espejo de los despropósitos de nuestra modernidad.
- Lo mejor: El eficaz humor crítico desarrollado en ocurrentes historias de eficaz y jocosa narratividad que desarrolla el autor
- Lo peor: No hay nada especialmente reseñable en esta obra, dada la ágil e inteligente amenidad de estos relatos breves
«El rey de las cenizas», de S. A. Cosbyn (8/10)
S. A. Cosby, el autor más atrevido del thriller norteamericano
Por Lluís Fernández
Si hay una familia disfuncional por antonomasia en la literatura es la de los hermanos Karamázov. En esa onda moral se mueve los hermanos Carruthers, la familia de «El rey de las cenizas», de S. A.Cosby. Incluso tiene su bella Grúshenka, Jealouy, novia del hermano mayor. La acción se sitúa en un pueblecito en declive de Virginia y aunque se remarca sólo a veces, la mayoría de los protagonistas son negros, como el autor. Para quienes han seguido las dichas y desdichas de la familia Byrde, de la serie «Ozark» (2017-2022), reconocerá su parecido: dos asesores financieros que blanquean dinero para la mafia los pillan robando ocho millones de dólares. El protagonista salva su vida a cambio de asegurarle al jefe del cártel mejicano que blanqueará su dinero en los lagos Ozark, Missouri.
Frases rimbombantes
Siendo ambas similares, las diferencias de estilo son notables. En «El rey de las cenizas» la presencia de una mafia local sin escrúpulos es manifiesta. El ingenio de la novela de Cosby es mantener el interés a lo largo de un relato tenso, de una violencia latente que cuando explota llega a resulta desagradable. Cosby posee una prosa potente, capaz de enredar con astucia al lector y mantener el interés centrado en el conflicto de estos tres hermanos y la astucia del mayor para enfrentarse a la mafia local. A veces, S.A. Cosby se recrea con frases un tanto rimbombantes: «Tenía las tripas hechas un gurruño, como una vieja guirnalda de luces navideñas». A veces es más sutil: «El vestido se le pegaba al cuerpo como un amante inseguro». Llama la atención lo antipáticos que resultan los personajes, en especial el hermano pequeño, motor de la acción, y la tosquedad de los mafiosos. Literariamente es toda una revelación. «El rey de las cenizas» es una fantástica novela y S.A. Cosby un autor a seguir.
- Lo mejor: La factura y la ambición literarias que muestra en todo momento S.A. Cosby. Un autor a la altura del gran Dennis Lehane
- Lo peor: Resulta cargante la insistencia del autor con el complejo edípico de los hermanos y el drama de la muerte de su madre