El Santiago Bernabéu ya no rugió como de costumbre. El termómetro emocional del madridismo marca inquietud y cansancio en uno de los momentos más delicados de la temporada. La indignación de los hinchas es inequívoca y se esforzaron porque se notara. A la llegada del autobús del equipo, la calle Concha Espina presentaba una imagen poco habitual. Lejos de las grandes aglomeraciones que suelen acompañar cada partido, apenas doscientas o trescientas personas se congregaban en los aledaños del estadio. Condicionados por la lluvia y el horario del encuentro. Pocas, pero suficientes para dejar claro el estado de ánimo de la afición. El recibimiento fue caluroso en intensidad, aunque no en apoyo: pitos y gestos de descontento acompañaron la entrada de los jugadores en una clara señal de protesta. El malestar volvió a hacerse evidente minutos después, ya dentro del estadio. Con los jugadores de Álvaro Arbeloa en el césped, el Bernabéu respondió con varias pitadas muy intensas, prolongadas y sin matices. Un sonido que refleja el profundo descontento de la grada y que deja claro que la paciencia del madridismo está al límite. Pero el plato grande llegó al momento de cantar las alineaciones y en el himno. La afición pitó y mostró su malestar, sobre todo con Vinicius y Bellingham. El Real Madrid atraviesa una crisis profunda y el entorno ya no disimula. Ha trascendido que la directiva, expectante ante la tensión, amenazó a la grada fan del Santiago Bernabéu con grabarles y retirar el abono a los que silbaran. Dio lo mismo. Pese al esfuerzo de los hinchas 'manejados' el Bernabéu fue un clamor de indignación. Los pitos se prolongaron una vez comenzó el encuentro. Cada vez que el balón llegaba a Vinicius o Bellingham o en el videomarcador salía una imagen de Arbeloa, los pitos aumentaban. Y hasta se escucharon durante 14 segundos gritos de «Florentino, dimisión».