Desde que en 1992 la Cumbre de Río de la ONU introdujo el concepto «crecimiento sostenible», los combustibles fósiles fueron perdiendo prestigio en la geopolítica global y comenzaron a estar asociados a recursos sucios y anticuados. En 2008, las organizaciones internacionales hablaban abiertamente de la necesidad de una transición energética global y en 2015, con el Acuerdo de París, los gobiernos se comprometieron oficialmente a reducir su uso. Era ya política oficial y podía hablarse con suficiente base en los hechos del «fin de la era fósil». Hasta Christine Lagarde se había puesto por montera el Estatuto del BCE y había declarado como objetivo del emisor europeo la protección del clima. Esta tendencia se fue viendo claramente también en las...
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