Necesitaba el Sevilla un delantero. Alguien con la creencia de que la portería tiene el tamaño suficiente como para meter la pelota entre los tres palos. Llevaban los de Nervión más de cuatro partidos y medio sin celebrar un tanto. Y tuvo que esperar al regreso de Akor Adams para que alguien fuese capaz de marcar. Y lo hizo por partida doble el nigeriano, quien había jugado el sábado por la tarde la final de consolación de la Copa de África y tuvo tiempo de descansar y ayudar a que no llegase una nueva derrota. Un punto sabe a poco pero a este Sevilla le sabe a cielo. Es oxígeno. El descenso está un punto más cerca que hace una...
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