Hace doce meses,
el programa de MotoGP de KTM navegaba en aguas turbulentas. La delicada coyuntura financiera que atravesaba la compañía obligó a
poner en pausa, de forma provisional,
la evolución de su prototipo para la categoría reina. Mientras marcas rivales como Ducati, Aprilia, Honda o Yamaha continuaban avanzando sin levantar el pie del acelerador, en Mattighofen no quedó otra opción que agudizar el ingenio y sacar el máximo partido a los recursos ya disponibles.
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