Tres meses. Ese es el tiempo que habrán tenido que esperar los madrileños y, sobre todo, los turistas para volver a disfrutar de uno de los iconos gastronómicos de la capital. Desde que el céntrico mercado de San Miguel cerrara sus puertas el pasado 7 de enero, la maquinaria ha trabajado sin descanso durante «once semanas» y contrarreloj, con el «objetivo» de llegar a tiempo «para Semana Santa», tal y como sostienen a ABC desde la gerencia del mercado. «Las obras van cumpliendo los plazos y a muy buen ritmo». El resultado de esta pequeña reforma apenas será perceptible a simple vista. El visitante podrá seguir tomando la misma caña o vermut de siempre y elegir entre centenares de tapas...
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