Hace un año escribimos sobre la prostitución del
VAR en el fútbol español que, entre la mala fe y la incapacidad intelectual de los que lo manejan, ha mancillado la imparcialidad exigible en lo que ayuda a impartir justicia. El comienzo de 2026 ha sido espectacular. En el primer partido de la Supercopa se pudo ver al madridista
Gonzalo (autor de tres goles días antes) intentando romper la tibia a
Le Normand, sin que se le aplicara sanción alguna. Pudo jugar la final y marcar un gol al Barcelona, que la ganó, con lo que quedó oculto aquel favor al de siempre. Eliminado de la
Copa y sin la
Supercopa, al
Real no le queda ahora otra opción que la
Liga para salvar la temporada y la cabeza del señor
Pérez.
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