El ejercicio de contención en Génova continúa a pesar de las dificultades. Es casi un mecanismo de autocontrol . El PP nacional intenta mantener cierta calma, siguiendo órdenes directas de Alberto Núñez Feijóo , que exige conservar un perfil institucional ante la tragedia ferroviaria de Adamuz (Córdoba), que ya ha dejado 43 muertos. Sobre todo, mientras no haya un balance definitivo de víctimas. Las operaciones continúan en los vagones despeñados y aún hay dos desaparecidos por recuperar. Familias que siguen en vilo. Es una línea roja que el líder del PP no quiere pasar y de ahí que haya insistido a sus dirigentes en la directriz de institucionalidad a pesar de la presión interna para ajustar cuentas con el Gobierno. Además, Vox, su rival por la derecha, ha ido mucho más lejos desde el principio. A Feijóo le obsesiona demostrar que su partido y el PSOE «no son lo mismo» y que el comportamiento de ambos ante una desgracia nacional es muy distinto. «Ni somos el partido del pásalo, ni vamos a llamar asesino a nadie como han hecho ellos tantas veces con nosotros», dicen en privado -también en público- cargos nacionales. La oposición, repiten en el núcleo duro del líder gallego, «también conlleva una responsabilidad» y es «el espejo de cómo nos comportaríamos si estuviéramos gobernando». En su entorno más cercano no esconden que el accidente mortal de Angrois (cerca de Santiago de Compostela) de 2013 fue el punto más crítico que Feijóo afrontó como presidente de la Xunta y que, indudablemente, se ha hecho muy presente para él en estos días. También a la hora de fijar una postura como primer partido de la oposición. Además, su sintonía con el presidente andaluz, Juanma Moreno , que apuesta con total claridad por mantener también la institucionalidad, influye mucho. Esa contención, en todo caso, se ha hecho evidente en la cúpula nacional a pesar de que hay otros dirigentes que son partidarios de empezar a disparar políticamente. El PP ha pedido explicaciones formales al Ministerio de Transportes, pero a través de una carta y no por la tragedia en sí, sino por el vaivén de limitaciones de velocidad que Adif fue anunciando y rectificando en tramos del recorrido Madrid-Barcelona y también de la línea Madrid-Valencia. Esas decisiones, sin mayor justificación, 48 horas después del accidente mortal en Andalucía y cuando hace apenas dos meses Óscar Puente hablaba de incrementar incluso la velocidad entre las dos ciudades más grandes de España, es lo que desató los primeros movimientos: «Deben aclarar ya si está en riesgo la seguridad de los ciudadanos. ¿ Por qué se decide limitar ahora la velocidad y no antes? », zanjan en Génova. Fueron estas restricciones de la velocidad lo que realmente prendieron la primera mecha en el PP, que no ha culpado al Gobierno todavía de nada -Vox sí lo ha hecho- ni ha pedido dimisiones o responsabilidades concretas. Al menos todavía. Tampoco los populares se han lanzado a vincular lo ocurrido con las deficiencias que pudieron producirse en el Ministerio de Transportes -con José Luis Ábalos primero al frente- y otras personas imputadas en la trama como Isabel Pardo de Vera en la presidencia de Adif. Vox sí lo ha hecho. «No es el momento», vuelven a repetir en el equipo de Feijóo. Es previsible que la portavoz en el Congreso, Ester Muñoz , eleve el tono este jueves -es una de las dirigentes del ala dura y que habla con mayor claridad- y mueva ficha en una rueda de prensa que tiene prevista en la Cámara Baja. Puente ha anunciado que solicitará comparecer a petición propia y lo previsible es que los populares exijan otras muchas comparecencias. Registrarán, confirman a ABC, una batería de acciones parlamentarias , incluyendo distintas peticiones de información sobre todo lo que tiene que ver con el deterioro del sistema ferroviario en España que el PP lleva denunciando meses, más allá de la tragedia en sí misma. El ministro de Transportes ha sido reprobado ya dos veces en el Congreso por las incidencias en los trenes y por el trato que recibieron los viajeros durante el apagón de abril del año pasado. También el Senado le ha reprobado con la mayoría absoluta del PP. En la dirección nacional reiteran que no precipitarán la exigencia de asumir responsabilidades por la tragedia de Adamuz, pero sí insisten en que «no se debe confundir el respeto con el inmovilismo». El objetivo es que el marco se centre en todo momento en la gestión y sortear lo que algunos dirigentes ya llaman «trampas» del Gobierno. Se refieren al hecho de que Transportes esté apostando en todo momento por el relato de la fatalidad, de las múltiples causas que pudieron provocar el accidente, de «la extrañeza» del mismo e incluso del largo tiempo que puede pasar hasta conocerse los detalles. El propio Bravo, ayer en su comparecencia en Génova, ya deslizó una idea en esa línea: «La prioridad no puede ser establecer un relato exculpatorio . Debe ser ayudar a las víctimas y dar todas las explicaciones a los ciudadanos». Otros dirigentes, también de algunas comunidades, apuntan a que el Gobierno «solo quiere fotos de unidad» y exige «altura de miras» cuando las tragedias o los accidentes afectan a las competencias nacionales. «Si son de las autonomías nos culpan a la primera, nos llaman asesinos. Y no importa politizar las desgracias porque todo es política», ironizan. Además de algunos diputados que ya han ido lanzando sus opiniones en redes sociales, el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso ya señaló a Puente con claridad: «El caos en la gestión ha mostrado su peor cara y se ha llevado la vida de 42 personas». Faltaba otro fallecido por conocerse. En Génova asumen que muchos de sus cargos quieren «ajustar cuentas ya». Y aseguran que eso llegará, pero más adelante. Puente lleva en la lupa del PP mucho tiempo. Desde 2022, coincidiendo con la liberalización del sector y la entrada de otros operadores en la alta velocidad, las incidencias se han disparado. Y en el último año el deterioro del sistema ferroviario se ha hecho visible con casos y casos de retrasos , trenes que no llegaban a salir o se estropeaban a medio camino, fallos en catenarias y sinfín de problemas e incidentes que han llenado espacios en medios de comunicación mientras el ministro presumía en el Congreso de los Diputados, literalmente, de que era «el mejor momento del ferrocarril en la historia de España».