Madrid no sonaría así de bien sin el empeño de personas que la compusieron de punta a punta. Y ese fue el caso de nuestro gato de hoy, don Jacinto Guerrero (1895-1951). Este toledano de Madrid, nacido en Ajofrín cuando dejábamos de ser imperio, vino a Madrid con hambre, talento y ganas. Ganas de comerse el mundo. Ganas de hacer brillar su talento. Y ganas de dejar de pasar hambre. Madrid entonces no era una postal. Era un ruido. Y Guerrero aprendió pronto a escuchar ese ruido como quien escucha una orquesta desordenada esperando turno para escribirla en partituras. Antes de que su nombre figurara en letras gordas, fue muchacho de coro, músico de trastienda y pianista de café. Tocaba...
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