EL trágico accidente ferroviario del domingo en Adamuz nos ha sobrecogido a todos. Ninguna persona con un mínimo de empatía ha permanecido al margen del dolor intenso que provocó el fallecimiento de 45 víctimas, el más de un centenar de heridos y las secuelas psicológicas que acompañarán a los supervivientes durante mucho tiempo. Cualquiera de nosotros podríamos haber sido uno de ellos. Ese mismo trayecto nos es cercano y habitual, y ha evidenciado la fragilidad de una vida que de un momento a otro puede romperse en pedazos. Es también un toque de atención para quienes tienen la responsabilidad de mantener nuestras infraestructuras y así lo recordaron ayer acertadamente los empresarios de la construcción hispalenses, reclamando al Gobierno un chequeo...
Ver Más