El
Barça debió ponerse las pilas para superar al
Oviedo tras una primera parte sin intensidad blaugrana y con buen fútbol asturiano. La solvencia de
Olmo, la presión de
Raphinha y el arte de
Lamine sentenciaron al final un partido marcado por la sensación de que el equipo tenía más la mente puesta en el partido ante el
Copenhague de Champions del próximo miércoles.
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