La ciencia lo confirma: ¿deben ir los cubiertos hacia arriba o hacia abajo en el lavavajillas?
Cargar el lavavajillas es un hábito que pocas veces uno se para a realizar de manera consciente y pensando demasiado en cada movimiento. Casi como un gesto automático, uno no se para a pensar en programas, pastillas, ni siquiera en el orden lógico de cómo coloca las cosas, cada hogar tiene su norma no escrita. Sin embargo, más allá de costumbres y manías, la pregunta tiene una respuesta técnica clara.
Una de las cuestionas que más dudas genera es si los cubiertos deben ir con el mango hacia abajo para facilitar la limpieza o con la parte funcional hacia abajo para evitar accidentes. Ambas posturas tienen argumentos razonables y, precisamente por eso, el dilema se ha mantenido vivo. Pero la ciencia aplicada al diseño de electrodomésticos y la experiencia de los fabricantes han terminado inclinando la balanza.
Cómo se deben colocar los cubiertos en el lavavajillas
Para entender la respuesta, conviene mirar qué sucede durante un ciclo de lavado. El lavavajillas no limpia por “inmersión”, sino por impacto: chorros de agua caliente a presión, combinados con detergente, golpean la superficie de los utensilios desde diferentes ángulos. La forma en la que el agua circula es clave.
Los cubiertos, al ser piezas pequeñas y estrechas, tienden a agruparse si se colocan demasiado juntos. Cuando eso ocurre, algunas zonas quedan protegidas del chorro de agua, lo que reduce la eficacia del lavado y dificulta el aclarado posterior. Por eso, la disposición importa más de lo que parece.
Los principales fabricantes de electrodomésticos coinciden en una recomendación general: colocar los cubiertos con el mango hacia arriba, es decir, con la parte que entra en contacto con la boca orientada hacia abajo. El motivo principal es doble: higiene y rendimiento.
Al situar la parte funcional hacia abajo, esta queda más expuesta a los chorros de agua y al detergente, lo que favorece una limpieza más profunda y homogénea. Además, el aclarado resulta más eficaz y se reduce la posibilidad de que queden restos de comida o jabón atrapados. Este criterio no surge de la intuición, sino de pruebas de laboratorio, estudios de flujo de agua y simulaciones de uso real en miles de ciclos de lavado.
Ahora bien, hay un matiz importante que la ciencia y el sentido común comparten. Los utensilios afilados, especialmente los cuchillos, deben colocarse siempre con la hoja hacia abajo. En este caso, la prioridad no es la limpieza, sino la seguridad.
Introducir o retirar cuchillos con la hoja hacia arriba aumenta el riesgo de cortes accidentales, sobre todo en entornos familiares o cuando el lavavajillas se vacía con prisas. Si cargar el lavavajillas se hace de manera automática, descargarlo más aún. Por este motivo, incluso los fabricantes que recomiendan cubiertos “hacia abajo” hacen una excepción clara con los elementos cortantes.
La solución intermedia más eficaz
Ante este escenario, muchos expertos proponen una disposición mixta como la opción más equilibrada. Cuchillos siempre hacia abajo. El resto de cubiertos (tenedores y cucharas) alternados: unos con el mango hacia arriba y otros hacia abajo.
Este patrón evita que las piezas encajen entre sí, mejora la exposición al agua y maximiza el resultado del lavado sin comprometer la seguridad. Además, facilita el secado, ya que el agua escurre mejor cuando los cubiertos no están alineados de forma uniforme.
En los modelos más modernos, con bandeja específica para cubiertos, la discusión cambia ligeramente. En estos casos, la recomendación general es colocarlos horizontalmente y separados, siguiendo el diseño del fabricante. Aquí, la posición arriba o abajo pierde relevancia, ya que el sistema está pensado para optimizar el lavado desde esa disposición.
Colocar bien los cubiertos no es una obsesión menor: influye en la higiene, la durabilidad del utensilio y la seguridad diaria. La ciencia, en este caso, no elimina del todo el debate, pero sí aporta una respuesta clara y matizada. Y como ocurre con muchas tareas domésticas, el equilibrio entre lógica y prevención suele ser la mejor solución.