¿Es la sal tan dañina como suponemos? No. Más bien al contrario. La sal ha estado, está y estará en la esencia de la vida y de nuestras civilizaciones. Lo asegura el biólogo marino Carlos Duarte, que lleva mucho tiempo analizado el impacto del cloruro de sodio en la salud -es determinante- y en nuestra civilización buscando estrategias para equilibrar sabor, tradición y bienestar fisiológico y económico. Crucial en nuestra salud y alimentación -con la justa moderación, no más de cinco gramos de sal al día, aunque en España consumimos el doble- su consumo excesivo tiene alternativas «como las sales de fusión, derivadas de la algas y otros organismos marinos», explica Duarte. Un referente científico a nivel mundial, Duate explora el papel de la sal en todos los órdenes humanos. Con una mirada práctica y científica explicó en el Dreams de Madrid Fusión cómo la sal contribuye a nuestro bienestar desde hace miles de años. «Se usa como condimento desde hace 5000 años, pero se conoce desde al menos 14.000, y está viviendo un renacimiento», dijo. «La sal de la vida era la moneda de la antigüedad y sigue hoy aumentando su valor, no solo para la excelencia gastronómica, sino para mantenernos saludables y aportar solución a problemas de energías y constructivos», aseguró este experto. Explicó cómo el agua de mar contiene cinco gramos de sal por litro, de los cuales la mayor parte es sodio. «Pero hay cloro, sulfato, magnesio, calcio, potasio y otros constituyentes, incluidos oro, plata, litio y otros elementos valiosos». «En la sal están prácticamente todos los elementos de la tabla periódica» aseguró. Nosotros también somos sal. «Los humanos somos un cuerpo salado y salino. En un 70 % somos agua, pero la sangre humana tiene 0,8 % de sal y el porcentaje es altísimo en las lágrimas, por ejemplo». La sal es además determinante para nuestra salud. «La acidez es enemiga de la salud humana, mientras que la sal es vida. La sal contribuye a la alcalinización del cuerpo, a la digestión, a la formación de nutrientes, facilita la destoxificación, nos provee de nutrientes esenciales, nos ayuda en la recuperación de resfriados gripes y congestión, mejora el estado de las células y previene el exceso de colesterol», enumeró. Eso sí, el exceso se paga. «El exceso de sodio, sobre todo, tan presente en los alimentos ultraprocesados, que supera 4 o 5, veces el de los alimentos naturales. Una de las soluciones al consumo excesivo de sodio son las sales derivadas de organismos marinos como las algas, no de la evaporación del agua del mar. Se llaman sales de fusión y reducen sensiblemente la cantidad de sodio ingerimos, aportan antioxidantes y suplementos nutritivos y potencia el sabor de los alimentos», destacó. La sal se ha revelado también como un eficaz almacenador de energía. «La energía solar se almacena en sal a alta temperatura y permite producir electricidad, incluso la ausencia de sol. La sal se revela como un estabilizador de redes de energía y evitar o paliar apagones como el sufrido el año pasado», dijo. La sal se utiliza también en la producción de hidrógeno como fuente de energía. «Se puede extraer el litio del agua del mar, con un excelente rendimiento de método electroquímico. Se podría extraer de forma infinita del agua marina» afirmó. También se utiliza la sal como material de construcción, como ya se hacía secularmente en Siria, Etiopía o Malí. «Hay un hormigón basado en sal con un 40 % de la masa procedentes de salmuera que además absorbe dióxido de carbono con lo que es una materia climáticamente muy positiva», aseguró. El valor económico de la sal fue, es y será así «determinante», con China como mayor productor del mundo, seguida de Estados Unidos, India, Alemania, Australia, Canadá, Chile, México, Turquía, Rusia y Brasil.