La sospecha de que el trumpismo supone una siniestra regresión histórica empieza a confirmarse casi a diario. A los indicios de que MAGA (Make America Great Again) siempre fue un planteamiento identitario apalancado en un idealizado tiempo pretérito, se suma ahora la convicción de que los irreconocibles Estados Unidos de Donald Trump no se corresponden con el siglo XXI. Y, como nos advirtió hace ya tiempo Joaquín Sabina, «no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió». Al contemplar las ruinas del orden internacional liberal, algunos piensan en el contagioso auge del fascismo en los años treinta del siglo pasado, cuando las luces de la democracia y de la economía de mercado se fueron apagando por todo el...
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