La lluvia de hoy es el agua que deberíamos beber mañana, cuando la sequía nos recuerde que los ciclos meteorológicos se suceden. El cambio climático solo los agudiza, porque aumenta más la temperatura en los meses cálidos y las lluvias han perdido mansedumbre en los húmedos. Es ahora, cuando Sevilla parece gallega, nos angustian las riadas y tenemos lleno el bombo de la ropa sucia, el momento de construir las presas que faltan, aunque tengamos una cuenca bien regulada. Tenemos la conciencia del ahorro tatuada con el hierro de las sequías. Aunque haya que desembalsar por seguridad, da pena el desperdicio. Si no se necesitan embalses, que se proyecten otros medios para almacenar el agua que hoy nos da miedo y mañana echaremos en falta.