Si tienes estas manías en tu día a día es probable que tengas un coeficiente intelectual alto: muchas personas no lo saben
Desde pequeños, solemos asociar a las personas con un coeficiente intelectual alto (CIA) con aquellos que destacan en el colegio, se aburren en clase o son sometidos con frecuencia a pruebas, que, en algunos casos, derivan en cambios de grupo o adaptaciones en los exámenes. Sin embargo, no siempre los centros educativos saben identificar o atender adecuadamente estos perfiles. Algo que también puede ocurrir en el entorno familiar. Mientras algunas familias se interesan por comportamientos que se salen de lo habitual, otras los pasan por alto o los perciben como rasgos que carecen de importancia.
Sea cual sea la situación, lo cierto es que identificar a una persona con altas capacidades intelectuales no siempre resulta evidente. Más allá de los resultados académicos, existen ciertas pistas que pueden ayudar a reconocer estos perfiles, y algunas de ellas tienen que ver con pequeñas manías cotidianas. Todos las tenemos, pero algunas revelan formas particulares de procesar la información y de relacionarse con el entorno.
1. Curiosidad
Uno de los rasgos más visibles en las personas con un CIA es su deseo constante de aprender. Suelen pasar largas horas leyendo, investigando o profundizando en temas poco comunes, y es habitual que cuestionen todo lo que les rodea. Esta curiosidad permanente puede llevarles a interesarse por disciplinas tan diversas como la ciencia, la historia, las artes o la filosofía, no por obligación, sino por placer.
2. Pensar en voz alta
Hablar solo es un hábito más frecuente de lo que parece entre personas con altas capacidades. Aunque socialmente pueda interpretarse de forma negativa, verbalizar los pensamientos es una herramienta eficaz para ordenar ideas, ensayar razonamientos o resolver problemas complejos. Lejos de ser una excentricidad, se trata de una estrategia para mantener la mente activa y estructurar mejor la información.
3. Necesidad de estar a solas
El tiempo en soledad suele ser especialmente valorado por este perfil de personas. El silencio y los espacios tranquilos facilitan la concentración, la reflexión y la inmersión en intereses personales. No tiene por qué estar relacionado con timidez o dificultades sociales, sino con la necesidad de reducir estímulos externos para mantener un flujo constante de pensamientos.
4. Analizarlo todo
Otra manía habitual es el análisis exhaustivo de situaciones cotidianas. Actividades que para muchos pasan desapercibidas pueden ser examinadas con el mismo nivel de detalle que un problema académico. Este rasgo responde a una forma natural de procesar la información, orientada a buscar explicaciones profundas. No obstante, los especialistas advierten de que este comportamiento también puede aparecer en personas con ansiedad, donde el análisis constante se convierte en sobrepensamiento.
5. Intereses muy concretos
Las personas con CIA suelen desarrollar intereses muy específicos y profundos. No es raro que dediquen años a estudiar un tema concreto, como una civilización antigua, un estilo musical o un lenguaje de programación. Esta focalización no implica falta de apertura, sino un deseo de dominar aquello que despierta su interés. Este rasgo también puede observarse en personas dentro del espectro autista o con una elevada motivación intrínseca.
Como señalan los expertos, estas manías no son exclusivas de las personas con un CIA y pueden aparecer en cualquier individuo. Pero, reconocerlas permite entender mejor la diversidad cognitiva y evitar estigmatizar comportamientos que, lejos de ser un problema, reflejan distintas formas de pensar, aprender y relacionarse con el entorno.